23 de noviembre 2000 - 00:00
Gerardi: "Falla el que busca intelectualizar el culebrón"
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Jorge Gerardi.
Periodista: ¿Cuáles son los elementos que hay que tener en cuenta para que una telenovela funcione?
Jorge Gerardi: Hay dos historias que sirven para todas las telenovelas: la Cenicienta y el Conde de Montecristo. A partir de esos clásicos se puede escribir. Se dan vuelta las historias, pero subyacen los amores imposibles y los encuentros y desencuentros. Los elementos son los del famoso culebrón: tiene que estar el bueno, el malo, el rico, el pobre, es decir, los opuestos. Todo para llegar al final feliz. No hay que complicarla demasiado en cuanto a la trama y los equívocos. Cuando se rompe la norma interna del culebrón es cuando se fracasa. En este país se trata de intelectualizar y es ahí donde se ven las fallas.
P.: ¿Qué ejemplos de «intelectualización» recuerda?
J.G.: Ha pasado con novelas de «Canal 13» en las que se teme al culebrón y se hace todo más light. Lo he notado con las novelas de Gustavo Bermúdez «Nano» y «Alén, luz de luna». Por ejemplo, la misma «Primicias» empezó construyéndose en lo que son las historias que ocurren en una redacción o en un canal buscando la denuncia y después volvió a la fuente de la telenovela: la historia de amor.
P.: ¿Apartarse de esos «intelectualismos» fue la fórmula que adoptó «Telefé»?
J.G.: A partir de la gestión de Yankelevich se calentó la pantalla, él dio un vuelco de timón y aprovechó la pasividad de los otros canales. Cuando estábamos terminando «Amigos son los amigos» cayó Gustavo Yankelevich en el estudio y si eso pasaba, era porque algo raro estaba ocurriendo. Pero me invitó a tomar un café y me dijo: «Negrito, necesito que me arranques un programa» y ahí nomás me contó que tenía ganas de lanzar la versión nueva de «Crecer con papá», con Arturo Puig. Quería que la hiciera yo porque había participado en la versión teatral de Jorge Pala con Lorena Paola. Arrancamos con lo que fue «Grande Pa», pensado originalmente para los tres meses del verano. Y duró cinco años. Y así me convertí en el «arrancaprogramas» de «Telefé», pasé por «Brigada cola» con Guillermo Francella, después hice «El gordo y el flaco» con Juan Carlos Mesa. También participé en la novela de Cris Morena «Quereme».
J.G.: Ya estaba cansado, pero me costó mucho. Sobre todo por mi apego afectivo. Estaba trabajando en México para Televisa y Gustavo me insistía para que volviera. Resulta que tengo el hobby de pintar y les regalé un cuadro a los Yankelevich. Un día, hojeando una revista argentina, los vi en una foto, donde ambos posaban en el living de la casa de Punta del Este y observé que tenían colgado mi cuadro en primer plano. No pude más que conmoverme y volví. Gustavo me pidió que lo ayudara a lanzar a su hija, Romina, como actriz me encomendó que pensara una historia con huerfanitas y así nació «Chiquititas».
P.: Entonces «Chiquititas» fue concebida exclusivamente para lanzar a la hija de Yankelevich...
J.G.: Creo que Romina Yan es el sello que identificó a «Chiquititas». Es una excelente actriz que hasta pensé en llevarla a Televisa como contrafigura de Grecia Colmenares.
P.: ¿Por qué cree que fue tan criticada?
J.G.: Yo peleo mucho tanto por ella como por Cris Morena, porque son dos mujeres de un talento como pocas. Me enoja que a Romina le hayan puesto el mote de ser «la hija de...» Sí, es la hija de Yankelevich y me parece muy bien que la haya ayudado. Cris es una compositora de aquéllas, te guste o no el chingui chingui que haga. Si no te gusta andá a escuchar Wagner.
P.: ¿Cómo fueron sus primeros pasos en televisión?
J.G.: Mi debut en televisión fue con un clásico, «Rosa de lejos». Yo a veces me digo: éramos sólo María Herminia Avellaneda y yo para grabar todos los días, entregar la lata lista para salir. El equipo éramos sólo nosotros dos, y eventualmente un ayudante más. Yo veo que hoy en día son cuarenta los equipos de producción cuando antes éramos tres haciendo la producción y dirección de la tira. Para darle una idea de cómo se trabajaba con María Herminia, yo estaba evaluando el libreto de «Nacha Regules», de Gálvez, y Avellaneda me lo sacó y me instó a ir a comprar la novela, me dijo: «Mal podrás evaluar el guión si no leés primero la novela».
P.: ¿Cómo ve la producción local de ficción para televisión?
J.G.: Creo que es muy bueno lo que hace Adrián Suar. Aunque no es el típico culebrón sino que le ponen el rótulo de telecomedias, creo que son honestos en la manera de venderlo. La telecomedia puede entrar más en lo cotidiano, es distinto en cuanto al lenguaje y creo que tiene el mismo contenido que el culebrón, pero con otro envoltorio. No sé qué pasará con la venta internacional de todo eso porque da la sensación de que son muy localistas. No me imagino qué puede hacer «Campeones» en México.
P.: ¿Cómo le gustaría que fuera la televisión argentina?
J.G.: Los canales de televisión deberían tener un poquito más de apertura a determinado tipo de producciones como lo son los unitarios de ficción del estilo «Por ese palpitar» o «Vulnerables». Aunque un numerito no cierre del todo, a veces hay programas que son muy dignos y merecen tener un espacio, al menos una horita. Me gustaría que a la gente le gustara un poquito más ese tipo de cosas.
J.G.: Si uno ve las planillas del rating la gente mira aquello que no hace pensar, porque está todo el mundo muy preocupado. No se puede sacar la televisión fuera de contexto y ponerla en una burbuja. Parece que el público pide aquello más pasatista, lo cual no es ni bueno ni malo, simplemente es un momento. Hoy tiene más rating la Bolocco que la muerte de Favaloro.

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