Godard, por una vez, más agudo que confuso

Espectáculos

«Nuestra música» (Notre musique, Francia, 2004, habl. en francés, hebreo, árabe, español y otros). Guión y dir.: J.L. Godard. Int.: S. Adler, J. Goytisolo, M. Darwish, J.L. Godard, R. Kramer.

Con su característica habilidad para el divague y el sancochado, Jean-Luc Godard nos presenta, aunque parezca mentira, una obra bastante buena. Digamos, muy buena para sus seguidores, bastante buena para los demás mortales. Y sustanciosa para todos, excepto para melómanos, porque la música a la que se refiere, conviene explicarlo, no es la melodiosa que en otras ocasiones suele provenir de pianos o violines, sino la ocasionada por estampidos, estruendos, y discursos.

El suyo es un pequeño pero ocasionalmente agudo aporte a un viejo tratado sobre las guerras, las posguerras, y la posibilidad de recuperación y reconciliación de los pueblos, un trabajo mayormente (y muy significativamente) hecho en Sarajevo durante un encuentro de escritores de diversos países, y dividido en tres partes.

1. Infierno. Breve sacudón de excelente montaje con tomas de noticieros y cintas del género bélico, recordándonos batallas, armamentos, víctimas, y resultados, lo cual, dicho sea de paso, bien podría evocar una certera reflexión de Jorge Luis Borges sobre la fascinación que nos provoca el infierno, y la bravura de hundirse en el mismo.

2. Purgatorio. La parte más larga, irregular, y provocativa, no solo por su mezcla de ficción y documental, y la interacción de personajes reales y ficcionados, incluyendo al propio Godard dictando cátedra y recibiendo burlas al mismo tiempo, sino por las cosas que allí se dicen, sobre todo al analizar la dualidad de sentido, y de valores, que pueden tener ciertas imágenes, o ciertas frases, o al considerar las limitaciones de los intelectuales para entender y resolver asuntos graves y complejos. Interesan ahí, particularmente, algunas cosas que dice el español Juan Goytisolo, y la charla del poeta Mahmoud Darwish con una actriz que hace de periodista judía.

3. Paraíso. Que no es gran cosa, apenas un lugarcito tranquilo como para tomar fresco un fin de semana, en armonía con los demás circunstantes.La entrada al paraísoes custodiada por un PM norteamericano, pero Godard dice que esto no implica ninguna ironía.

Simplemente ilustra la última estrofa del Himno de los Marines.

Siempre provocativo, ocasionalmente confuso, desparejo muchas veces, y con una que otra escena innecesaria, de esas que parecen puestas solo por amistad o por antojo, el ensayo cumple su cometido. Contribuye a pensar y reconsiderar cuestiones de importancia. Y hace notar que al septuagenario realizador todavía le sobra chispa como para seguir tirando. Por cierto, más que francosuizo él fue siempre un francotirador.

P.S.

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