«Habana Blues» pinta limpiamente el drama del desgarramiento familiar de los que eligen
irse de Cuba y la frustración general de quienes se quedan, y aun así alienta a la esperanza.
«Habana Blues» ( España/Cuba/Francia, habl. en español) Dir.: B. Zambrano. Int.: A. Yoel, R. Sanmartín, Y. Sierra, Z. Marabal, M. Calvó.
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Aunque lo diga el título, acá lo que menos se escucha es un blues. Pero existe, y duele con ganas. Y aunque el autor, Benito Zambrano, sea el mismo de «Solas», esta película difiere bastante de la otra. Repartida en lo coral y con varias excusas musicales, parece dramáticamente menos intensa. Hasta que surge la vuelta de tuerca del relato, y uno descubre que lo están emocionando limpiamente, igual que en «Solas».
También iguales parecen sus mujeres, de esas que se las aguantan, anotan todo, por ahí se apiadan, a veces perdonan, pero nunca aflojan. Vale la pena recordar el corto de tesis de Zambrano, cuando se recibió en la Escuela de San Antonio de los Baños, corto que ganó el Primer Festival Internacional de Escuelas de Cine de la FUC, acá en Buenos Aires. Sólo un registro documental, en largo plano fijo, con ocasionales fundidos, de una vieja del Partido Comunista Cubano expresando todo el resentimiento contra el hijo que se escapó a Miami veinte años atrás, todo el resentimiento... y al final un cachito de angustia y de tristeza, porque sólo por culpa de su orgullo ya nunca podrá verlo.
Ese drama del desgarramiento familiar y nacional, y de la frustración general, es el que pinta «Habana Blues», a través de una mujer que tiene la posibilidad de escapar a Norteamérica con sus hijos, mientras su marido, un músico bohemio, se enfrenta a otro dilema. El siempre quiso viajar a Europa con su amigo y socio artístico. Por eso está siendo complaciente con la ejecutiva de una discográfica española que vino en busca de talentos. Hasta que la empresa dice el precio que los cubanos deben pagar por sus sueños: o aceptan un contrato leonino que los quema públicamente sin ofrecerles garantías ciertas de levantar cabeza,o vuelven a la cola. ¿Paciencia, y volver a empezar, ahora para colmo solo? «Nada de paciencia, compañero, que la vida es corta y este país es de los mejores pa' perder el tiempo», reclama el socio.
Película sencilla, con el corazón en la mano, revela como pocas la dolorosa realidad de un país, y aún así alienta a la esperanza, o al menos la sonrisa. Vale la pena. P.S.
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