1 de septiembre 2004 - 00:00

"Hay tapas de 'Rastros' que son pequeñas obras de arte"

Roberto Wagner buscó volcar su experiencia en el mundo de las finanzas al mercado de libros antiguos, raros, agotados y autografiados, de creciente cotización internacional.
Roberto Wagner buscó volcar su experiencia en el mundo de las finanzas al mercado de libros antiguos, raros, agotados y autografiados, de creciente cotización internacional.
Las crisis económica de Rusia y el surgimiento de Internet llevaron a Roberto Wagner a recordar un gusto de la adolescencia y pasar del mundo de las finanzas al de los libreros anticuarios. En la búsqueda de ejemplares raros, el casual pedido de una norteamericana que quería encontrar las novelas que leía en su infancia le hizo descubrir las ilustraciones de los policiales de la colección «Rastros» o las de la serie Robin Hood, a las que considera «pequeñas obras de arte». Dialogamos con él.

Periodista
: ¿Cómo llegó a esta difícil especialidad de los libros para coleccionistas?

Roberto Wagner: Soy contador y trabajé toda mi vida en la banca de inversión, pero siempre me gustaron los libros raros. Cuando surgió Internet pensé en que era ideal para conectar un libro difícil de hallar con quien lo busca.

P.:
¿Cómo hacen algunas librerías virtuales de los EE.UU.?

R.W.: Eso recién comenzaba, y pensé que sería bueno tener un lugar así para libros raros en castellano, y quedó como una idea. Pero, cuando vino la crisis de Rusia en 1998, el banco en que trabajaba, inglés pero de capitales alemanes, decidió cerrar la oficina de representación en la Argentina. Después de 20 años de trabajar en el sector financiero, quise hacer otra cosa y refloté la idea de un mercado de libros raros, un sitio que agrupara a libreros anticuarios e intermediara, y en diciembre de l999 lo lanzamos. La empresa está constituida en Estados Unidos y tiene su base en Miami.


P.:
¿Creció esa inversión?

R.W.: Sufrió la pinchadura de la burbuja de Internet. Creció, pero como un negocio tradicional, no es lo que pensamos que puede llegar a ser. Entonces buscamos sumar al sitio virtual un espacio físico y fundamos Espacio de Libros en Buenos Aires, en el barrio Norte, donde hay una base de datos, donde se puede encontrar un libro como «Presencia», el primer libro de Julio Cortázar, que firmó como Julio Denis.


P.:
¿Cuánto cuesta ese ejemplar de «Presencia»?

R.W.: Nueve mil dólares, es para un fanático de Cortázar.


P.:
¿Compiten con los otros libreros anticuarios?

R.W.: Somos brookers, en vez de mesa de dinero tenemos mesa de libros. Agrupamos a varios anticuarios y libreros asociados. Por caso, «Presencia» no está físicamente aquí, pero tenemos acceso al libro. En la base hay un primera edición de «Cien años de soledad» firmada por García Márquez, un manuscrito de Borges.


P.:
¿Qué cotización tienen los libros de Borges?

R.W.: Variadas, de los muchos miles, a cien dólares por un libro menor firmado por él. Borges, con su humor, explicaba a quienes le pedían su autógrafo en las librerías que, dado que tantos le reclamaban su firma, iban a valer más los libros sin firmar que los firmados. Internacionalmente, el valor es distinto por la firma pedida que por el libro dedicado a una persona determinada por el autor, y más si se trata de una persona conocida. Vendimos hace dos años a un coleccionista norteamericano, que buscaba primeras ediciones firmadas de Premios Nobel, «Canto general» de Neruda, con guardas de los muralistas mexicanos Siqueiros y Rivera, firmados por los tres, en 5 mil dólares.


P.:
¿Funciona la librería virtual o el lector quiere mirar, tocar, pasar las hojas del libro?

R.W.: Los libros son muy frágiles y cada vez que alguien los toca el librero sufre. Y si los libros son raros, mucho más. A mí se me cayó al suelo la primera edición de «Rayuela» con tal mala suerte que se saltó la tapa, me destrozó el valor económico, que está en unos 400 dólares.


P.:
¿Cómo se les ocurrió recuperar las ilustraciones originales de las tapas de las novelas policiales argentina?

R.W.: Una cliente de Estados Unidos buscaba los libros de Nancy Du, un personaje de una serie de novelas juveniles para chicas de los años '40. Buscándolos, aparecieron esos libros, que no valen nada, pero junto con ellos estaban los dibujos a color de la tapa y unas diez que ilustraban las páginas, de la edición original argentina. La mujer quedó fascinada. Ahí comenzamos a hacer la cadena, y fueron apareciendo los de la colección Robin Hood y todos publicados por la editorial Acme. Así llegamos a los de la colección «Rastros». Para mí esas tapas de nuestra pulp fiction, que arrancó en los '40 y de los que se hicieron cerca de 600 títulos, son pequeñas obras de arte. En una librería anticuaria tradicional no se van a encontrar esas ediciones que se vendían en los quioscos, como la colección «Rastros», que se leía en el tranvía y luego se tiraba, y hoy pueden encontrarse en librerías de saldo al precio más bajo. Tenía grandes autores como Dashiell Hammet o Raymond Chandler mezclados con otros ya olvidados, o argentinos que firmaban con un nombre inglés, como Juan Jacobo Bajarlía o Alfredo Grassi.


P.:
¿Quiénes eran los ilustradores?

R.W.: El más reconocido es Pablo «El Indio» Pereira, que fue además famoso en el mundo del rugby. Otros eran Ernesto García, que ha dibujado muchos comics y ahora trabaja en Italia, Carlos Barau, Marta Barnes, Elie Cuchet. Hacían hiperrealismo antes del hiperrealismo.


P.:
¿Qué pasa con esas obras?

R.W.: Las valoran más en el exterior que acá. En Estados Unidos las tapas de sus «pulp fiction» valen miles de dólares, sobre todo si están asociados a personajes famosos como La Sombra o Batman, o a autores de policiales consagrados.


P.:
¿Qué imágenes le piden más del exterior?

R.W.: Mucha gente busca lo más truculento, con más sangre y más violencia. También interesa mucho el erotismo pudoroso de la época: las call girls y las bad girls.


Entrevista de Máximo Soto

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