Maureen Dowd no sólo ha
provocado controversia sino
que ha convertido a su ensayo
en bestseller.
Nueva York - Las mujeres de los Estados Unidos, al menos las de cierto nivel económico, reúnen hoy una extraña mezcla de narcisismo y sumisión que recuerda al pre feminismo de los años '50. Es la tesis provocativa del divertido libro «Are men necessary?» («¿Son necesarios los hombres?») de la periodista Maureen Dowd, el último de una serie de réquiems por el feminismo que se comentan en los salones de manicura de Manhattan. Ya se sabía que, salvo un puñado de ejecutivas como Meg Whitman, presidenta y directora de eBay, pocas han superado el techo de cristal en los consejos empresariales «que huelen a testosterona». Pero Dowd destaca tendencias de la cultura cotidiana para sostener que «el feminismo americano ha sido vencido por el narcisismo».
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Columnista de «The New York Times», por los que fue ganadora del premio Pulitzer en 1999, considerada una notable satirista de la política, Maureen Dowd a los 53 años se dedica a hacer sociología de la política sexual y presenta un catálogo de ejemplos en los que basa sus teorías.
En los restaurantes de Nueva York y Washington, si un hombre no invita, no habrá ya una segunda cita. Cada vez más se adopta el apellido del hombre tras casarse (el número de las mujeres que mantiene sus propios apellidos ha caído del 23% al 17% desde 1990). El título Ms. -acuñado en los '60 para independizar a la mujer del estatus matrimonial, que llegó a ser el nombre de una emblemática revista feminista de comienzos de los '70- no se usa porque «en un mundo en el que muchas mujeres están divorciadas o solteras, Mrs. es un símbolo de estatus». Maureen Dowd hasta sostiene que las mujeres de elevados coeficientes de inteligencia y éxito profesional tienen menos posibilidades de casarse porque «los hombres prefieren casarse con sus secretarias antes que con sus jefas». La combinación de edad y éxito profesional -un tándem estupendo para los hombres- es devastador para la mujer, señala Dowd, que parece hablar con conocimiento de causa.
• Reacciones
Por su parte, chicas de 18, estudiantes brillantes de Harvard y Yale que suelen sacar mejores notas que sus homólogos masculinos, «se sienten forzadas cuando salen los fines de semana a vestirse con blusas ceñidas que muestran los pezones, con escote y minifaldas» como «fulanas de clase baja». «El posfeminimso es igual que el prefeminismo», sostiene la periodista. Otra feminista de los '60, Ariel Levy, ha criticado en su libro «Female chauvinist pigs» («Mujeres cerdas machistas») la nueva cultura «hipersexualizada» de las jóvenes mujeres, en la que en muchos casos la pornografía es un referente estético. Dowd se hace eco de otro nuevo libro «Perfect madness», de Judith Warner, al denunciar la nueva cultura de la maternidad: «La nueva generación de madres Starbucks pasa horas tomando café y viendo jugar a sus niños, una siente que podrían estar en los años '50 sólo que el café es más caro y todas las madres tienen másters», sentencia.
El regreso al futuro de los '50 es aún más notable en la percepción contemporánea de la belleza, sostiene. La cirugía cosmética, de rigor en Miami, Los Angeles y Texas, así como el uso del antiarruga botox -un compuesto del botulismo neurotxin usado en armas biológicas-, son pruebas de que «50 años después del alba del feminismo el ideal de la belleza femenina es más rígido y poco natural que nunca». Gracias al bótox, que limita la capacidad gestual y uniformiza las caras operadas estéticamente, la mujer muñeca es una realidad: «Una cara con personalidad ya es passé, una cara sin gestos es chic», afirma Maureen Dowd. Aunque advierte: «Los médicos neoyorquinos prevén escenarios en los que los hombres, tras casarse con mujeres de cara plana, se despertarán unos meses después para encontrarse en la cama con un hermoso Shar Pei, uno de esos perros pequeños y arrugados».
Al libro le han salido críticas. Katha Pollit, columnista de «The Nation», que acusa a Maureen Dowd de basar sus argumentos en meras anécdotas. «¿Sabemos seguro que más mujeres quieren ser invitadas en vez de compartir la cuenta?» En la misma línea, el «New York Observer» publicó hace unos días en la tapa un artículo sobre mujeres de éxito que, en contra de la tesis de Maureen Dowd, prefieren casarse con alguien que esté por debajo de su categoría económica e intelectual. «Es que si se sale con un tipo que es un cero a la izquierda eso le hace sentir a una como un hombre», ironizó. Katha Pollit añade: «Según muchos criterios, las mujeres jóvenes tienen más independencia que nosotras, es más probable que acaben estudios superiores, que trabajen en profesiones antes exclusivamente masculinas, que no tengan que sufrir las violaciones en silencio, que puedan tener una libre elección sexual y sentimental», dice. Y anima a Dowd: «Nunca ha habido un mejor momento histórico para una soltera de 53 en busca de romance».
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