Inquietante enigma en una casa

Espectáculos

«Escondido» («Caché», Francia-Alemania-Austria, 2005; habl. en francés). Dir. y G.: M. Haneke. Int.: D. Auteuil, J. Binoche, M. Bénichou. A Girardot y otros. SBP.

El director alemán Michael Haneke («La pianista») efectúa aquí un examen paranoico y exasperado de las consecuencias que puede tener, sobre una familia aparentemente equilibrada y estable, la aparición de un elemento perturbador y violento como una serie de videos del frente de su casa, y más tarde algunos dibujos anexos sobre -quizásciertos episodios del pasado remoto del padre (Daniel Auteuil), famoso animador de programas de literatura en la televisión francesa.

Haneke, a través de las violentas mutaciones que provoca en la familia ese «ojo» inesperado, explora mucho más que el factor «escondido» en la vida de sus protagonistas. La exposición de la culpa, o de la falta de inocencia, no es la simple meta a la que se propone llegar, sino que le interesa arrojar a los personajes a un estallido contenido, sufridamente civilizado, que se vaya deslizando a las antípodas de esa buena conducta; para hacerlo, recurre inevitablemente al entramado social donde se mueven, y a las dos típicas obsesiones francesas: el adulterio y el racismo.

No será la mujer, interpretada por la impar Juliette Binoche, la única que pueda reprochar a su marido presuntas conductas que pudieron haber dado como resultado la aparición de esos videos. Para el animador de TV, un viaje a su residencia familiar en la campiña, donde reencuentra a su madre (envejecidísima Annie Girardot), se abre a la otra gran veta del film, la puesta en cuestión de cualquier tipo de «corrección política».

El cine de Haneke es un cine preocupado por el lugar de la ética en situaciones extremas. Y, como su interés primordial es avanzar en esa dirección desde múltiples ángulos, sus películas suelen cometer transgresiones no siempre disculpables desde el punto de vista de los géneros en los que se apoya.

Si «Escondido», desde su inicio, se vale de lo policial, con enigmas y pistas, más tarde, una vez que el perfil y los resortes de los personajes han quedado al desnudo, al director no le preocupará demasiado traicionar al género, ni hacer actuar a los protagonistas de una manera coherente.

Marcelo Zapata

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