El director
Ricardo Bartís
se inspira en
Florencio
Sánchez para
«De mal en
peor», donde
un notable
elenco recrea
el estilo de
actuación de
viejas glorias
como Enrique
Serrano o
Elías Alippi.
«De mal en peor». Dramaturgia, Espacio y Dir.: R. Bartís. Int.: C. Peluffo, A. Rittano, C. Cantero, C. Defeo y otros. Vest.: M. Banach. Mús.: C. Baliero. (Sportivo Teatral.)
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Inspirado en el teatro de Florencio Sánchez este nuevo espectáculo de Ricardo Bartís logra la difícil «hazaña» de divertir al público común e interesar a los eruditos ( incluido el Hebbel Theater de Berlín, coproductor de la obra). La acción transcurre en 1910 en el seno de una familia en bancarrota que lucha por guardar las apariencias, mientras sus miembros se debaten entre el alcoholismo, las drogas, la obsesión por el dinero, las tendencias incestuosas y el fracaso de todos sus proyectos.
El peso de una deuda que hay que pagar por culpa de una mala administración tiene efectos demoledores entre los integrantes de esta familia, cuyos defectos son los mismos que arrastra la Argentina desde tiempos inmemoriales ( entre ellos la incapacidad para asumir dialécticamente los errores del pasado y el rechazo por todo lo que implique trabajo y esfuerzo). «De mal en peor» es una muy libre reelaboración del teatro de Sánchez (autor de «En familia», «M'hijo el doctor», «Los derechos de la salud»), pero también abreva en otros títulos paradigmáticos de la época como «Las de Barranco» de Gregorio de Laferrère o «La zarza ardiendo» de Federico Mertens y José González Castillo. En medio de esta fauna de terratenientes arruinados, matrimonios por conveniencia y politiqueros con ínfulas literarias subyace un misterio que tiene por protagonista a una maestra norteamericana, integrante de aquel contingente que «importó» Sarmiento y supuesta ex cautiva de los indios araucanos. En relación a este tema, se exhibe en una de las salas un falso museo etnográfico, que el público visita en primer lugar. El resto de la acción transcurre en un pequeño recinto con dependencias sutilmente ambientado para la ocasión.
Con este trabajo, el director Ricardo Bartís vuelve a reirse de los males argentinos con la lucidez y el desenfado que ya mostró en «El pecado que no se puede nombrar» (sobre el universo literario de Roberto Arlt) y en la ya mítica «Postales argentinas». Igual mérito debe asignársele al elenco que da vida a este delirio nacional reviviendo un estilo de actuación que recuerda al cultivado por Enrique Serrano, Elías Alippi, Felisa Mari y otros grandes de la escena. Esto hace que muchos espectadores terminen preguntando: «¿De dónde saca Bartís a estos actores?».
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