13 de julio 2000 - 00:00

"INVOCACION"

U n hombre joven hace una «remake» de la película amateur que hizo cuando niño, allá por 1973, con dos amigos y una camarita Súper 8. Después, ambos amigos murieron en el atentado a la AMIA. El sobreviviente guarda su memoria, y los evoca, con otra camarita, otros niños, y los mismos lugares. Un enano busca a su amiga, testigo de alegrías y tristezas de un par de cirqueros pobres. Los pequeños se encuentran y desencuentran en una noche por San Telmo y más lejos, entre tanguerías, extranjeros noctámbulos, y mujeres que alguna vez han tenido importancia (otra amiga, la madre de ella), y que han quedado en el camino. Víctimas del odio y la represión, varias personas (madres y abuelas de Plaza de Mayo, miembros del Centro Wiesenthal o sobrevivientes de la AMIA) hablan a cámara.

Pérdidas y dolores

Mezcla de ficción y documental, no siempre lograda, pero interesante, «Invocación» es una película española, pero de asunto y rostros argentinos. Su autor es Héctor Faver, el de «La memoria del agua», porteño con años de residencia y docencia en Cataluña, siempre embarcado en reflexiones sobre el pasado público, los lazos familiares o amicales, el miedo o la an gustia concreta de las pérdidas, y siempre probando distintas formas de expresar esos dolores, tan difíciles de compartir. Acá lo ayudan dos colegas -el documentalista chileno Patricio Guzmán y el experimentalista alemán Fred Kelemen-, sus técnicos habituales, Lito Vitale, acaso uno de los mejores y menos apreciados músicos de cine que tenemos, y unos artistas que colaboraron de puro corazón: Patricio Contreras, Cristina Banegas, formidables los dos en sus roles como gente de circo, Carlos y Karina Rodríguez (de muy dulce expresión, la muchachita), el español Juanjo Puigcorbé, y Federico Luppi, que le da sentida carnadura a los varios textos -algunos muy buenos, otros medio largos- del relato. Lo dicho, una película no siempre lograda, pero digna de respeto.

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