6 de mayo 2003 - 00:00

Kandinsky y la estrecha comunión música-pintura

Madrid-Hasta fin de mes, se exhibe «Analogías musicales, Kandinsky y sus contemporá-neos», muestra organizada y exhibida conjuntamente por el Museo Thyssen-Bornemisza y la Caja de Madrid. La muestra explora la proyección del modelo de la música sobre la pintura en los comienzos del arte abstracto. La exhibición que se expone en el Museo Thyssen-Bornemisza, en el Paseo del Prado, atiende a los impulsos que experimentó la pintura en relación con la creación musical en la década de 1910, en los centros del Oeste de Europa, como Milán, Munich y París. «Nocturno», una de las ocho secciones del Thyssen, incluye entre sus obras destacadas «Los estados de ánimo», trilogía de Umber-to Boccioni, y «Nocturno», de Kupka, ambas de 1911.

Desde 1910, Kandinsky inició una gradual transformación hasta alcanzar el lenguaje puramente abstracto basado en la expresión de lo espiritual, que lo llevaron a afirmar «El mundo suena», título de otro capítulo de la muestra. La sección «Simultaneísmo: La mirada circular» recupera la importancia de las formas circulares en las obras de Delaunay y Kupka, que hacia 1913, representaron un horizonte de expectativas para la pintura, bajo el paradigma del diagrama circular del espectro cromático del objeto, las relaciones rítmicas y el sonido. El capítulo «Ritmo: vórtice y resonancia», muestra cómo la objetivación visual de estados subjetivos efímeros -música y danza modernas-, caracterizó las obras de algunos artistas. Así, Francis Picabia y Gino Severini, alrededor de 1913, trabajaron la pintura como materia plástica sometida a impulsos de vibraciones y resonancias.

La sección «Sinestesia y heterofonía» se desarrolla en torno de la poética del simultaneísmo y de la multisensorialidad que aparece en nuevas técnicas, como el collage, las parolibere futuristas y el ensamblaje. El capítulo «Modulación» se refiere a la exploración del uso del damero como esquema compositivo, que inició Paul Klee a partir de su viaje a Túnez en 1914. Ese recurso como modelo de la mirada musical también fue adoptado por Johannes Itten y Sophia Tauber. «Polifonía pictórica» explica la transposición de la música a la pintura, que tanto Kandinsky como Klee ensayaron. Hacia 1914, Alexej von Jawlensky inició sus «Variaciones», concepto que genera el título de otra sección. Análogamente con las variaciones musicales, su pintura serial reitera las que utilizan rostros humanos.

Las cinco secuencias temáticas que se presentan en la Caja de Madrid, corresponden a artistas que proceden del Este de Europa. En el capítulo «La música en el espacio» se destaca la importancia que tuvieron las imágenes de los artistas en escenografías y vestuarios de la compañía del admirable Serge Diaghilev. En esta sección se incluyen obras de León Bakst, Alexandre Benois (1870-1960) y Mikjail Larionov para algunas célebres puestas en escena de los Ballets Rusos. También una serie de dibujos abstractos de Nijinsky. El capítulo «Cosmología sinfónica» presenta las obras singulares del pintor y músico lituano M.K.Ciurlionis, que articula sus témperas como una secuencia de tiempos musicales.

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