16 de junio 2003 - 00:00
Kuitca: un arte que exige participación
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En la serie «La Tablada suite-» (1991-92), las imágenes de cárceles y escuelas transmiten un clima opresivo. Lo que a simple vista podría verse como una pintura abstracta, un cuadrado dividido por una cuadrícula, es en realidad el plano de una cárcel con sus infinitas celdas, cada una con su cama y sus barrotes, sin acceso ni salida. Más allá de las evocaciones borgeanas que suscitan, las obras crean una situación de sofocante enclaustramiento. Una experiencia similar deparan los poemas pedagógicos, con sus aulas vacías y los bancos donde inexorablemente debe encajar la vida.
No es aventurado pensar que podrían encajar allí y con precisión, los personajes de la serie «Nadie olvida nada» que pintó cuando tenía 20 años. Esas siluetas esquematizadas vistas de espaldas y sin rostros que lleva el mismo título de la obra de teatro que dirigió en 1982, cuando ya había montado su propia compañía y conjugaba en su obra una fusión interdisciplinaria.
En la serie «El mar dulce», realizada en 1984, que coincide también con el título de una obra de teatro que estrenó ese año, reproduce el célebre fotograma de la matanza en las escalinatas de Odesa tomado del film de Sergei Eisentein «El acorazado Potemkin». Es que de muchas maneras, en sus escenarios y plateas, el teatro sigue presente hasta hoy, como en las series «Puro teatro» y «The Ring».
•Camitas
El núcleo de la muestra es una instalación de camitas, tema que está en la génesis de su pintura, y que el propio Kuitca explica: «La cama está pensada en términos de lugar, el del nacimiento, la muerte, el amor y los sueños». Se trata de la misma serie que el artista exhibió en 1993. «Quería presentarlas como si fuera un hospital, un orfanato, un espacio donde un montón de almas están yaciendo --señaló entonces-, aunque luego preferí un orden borgeano.Así nació esa idea demencial de hacer 100 camitas con sus mapas».
Mientras todas las camitas son iguales, los mapas son diferentes, en clara referencia a la existencia individual. Luego de la experiencia, el artista contaba que los espectadores caminaban entre las camitas mirando los mapas y sistemáticamente comenzaba a buscar con cierta ansiedad un mapa que le fuera familiar. Y en este sentido, la reiteración de «San Juan de la Cruz» en el mapa lleva este sentimiento al límite de la obsesión. «Su idea de expresar sentimientos, pensamientos o historias en el plano de un departamento o un mapa, me resulta sencillamente genial» le dijo a este diario el director del Museo de Arte Moderno de Nueva York, Glenn Lowry.
A partir de su leitmotiv, las camitas, la obra se abre a otros territorios donde transcurre la vida: escenarios, planos de departamentos y arquitectónicos, mapas, teatros, estadios, aulas, aeropuertos, consultorios, cárceles y hasta confesonarios, donde juega con la idea del pecado y la redención.
El artista fue ganando nuevos espacios, pero los personajes que una vez los habitaron han desaparecido. Sintetizando al máximo la interpretación, podría decirse que en la base de su obra figura en primer término la demarcación del terreno, desde 1982, cuando pintó una cama solitaria. Se podría agregar que hoy predominan de las plantas arquitectónicas, espacios que se han complejizado con las relaciones que se establecen entre el escenario y la platea, y los lugares que ocupan el actor y el espectador. Esta simplificación de su trabajo podría llevar a pensar que el valor de la obra reside en una buena idea. Pero hay algo más, y fundamental: aunque los personajes estén ausentes, las obras cobran sentido cuando el espectador se involucra y habita esos espacios. De este modo ilusorio, los personajes «viven» en estos sitios vacíos que parecen hechos a la medida del espectador y funcionar como «moldes», donde su imaginación y sus sentimientos encajan a la perfección. Es recién entonces cuando Kuitca ejerce su magia.
La cuota de datos que él aporta para orientar al público varía en las diferentes series, pues es sumamentehabilidoso para dosificarlos «rastros» que va dejando. En la serie dedicada a «L' Enciclopédie» de Diderot y D'Alembert, seleccionó unos planos que hizo copiar sobre telas blancas con acuarela de color negro por un ayudante. Su intervención se reduce a arrojar agua que diluyó partes del dibujo. La cantidad de agua y la violencia con que la arroja altera los planos hasta crear formas barrocas donde imperaba el clasisismo, y el desorden donde antes había orden. El amaneramiento de la realización coincide con las sensaciones voluptuosas que suscitan los cuadros.
De uniforme color azul, la serie «Neufert Suite» es tan neutra y helada como la música funcional y, realizada sobre la base de diseños del conocido manual de arquitectura, muestra una estética diferente. En estas obras Kuitca pone a prueba al espectador, que debe descifrar varios enigmas para comprenderlas. Los fríos espacios institucionales son puestos de trabajo y, como el resto de su obra, cobran sentido cuando se trata de incorporar la vida en ese terreno.
Hay que observar con detenimiento los planos y los diminutos diseños de estas oficinas, el ritmo alucinado de la disposición de los escritorios, los a veces inexistentes espacios de circulación y salida, para encontrar el significado que subyace bajo la glacial apariencia de los cuadros. Como una compensación a la dificultad interpretativa de esas obras, figura «MáVlast», pintura dedicada a la música, el lenguaje de todos los hombres.
Sus últimas pinturas representan las cintas transportadoras de equipajes de los aeropuertos. Kuitca cuenta que este nuevo espacio surgió cuando perdió su equipaje y se quedó mirando una valija que nadie reclamaba, que así decidió reemplazar las tiras de goma por cortinados de teatro y pintar la cinta vacía. Estas obras permiten retomar el hilo conductor de una muestra que finalmente cuenta una historia, donde se cruza lo privado y lo público. A partir de pinturas que como «Orden global» o «Teatro Colón», el artista muestra un mundo perturbador que estalla o se desintegra. La exposición tiene varias virtudes: muestra al artista como un lúcido intelectual y sobre todo, mantiene en vilo al espectador desde el inicio hasta el fin del recorrido.



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