30 de junio 2004 - 00:00

"La argentinidad es un mito que ha hecho mal a este país"

Para el escritor y académico español José Tono Martínez, los argentinos no han sabido comprender los dos últimos mensajes que les envió Borges desde Suiza.
Para el escritor y académico español José Tono Martínez, "los argentinos no han sabido comprender los dos últimos mensajes que les envió Borges desde Suiza".
Que un escritor español publique en la Argentina, antes que en España, «La venganza del gallego» suena a meditada provocación, a contestación a los chistes que se le hicieran a sus paisanos. Pero José Tono Martínez, que dirigió el ICICentro Cultural de España en Buenos Aires entre 1997 y 2001, considera que su obra es una forma de expresar su enamoramiento por éste país. Sociólogo, antropólogo, Doctor en Filosofía y narrador, Tono Martínez hace en su libro un polémico retrato de los argentinos y sus males. Dialogamos con él en su paso por Buenos Aires.

Periodista
: Su libro parecieraremitir a los de los viajeros ingleses...

José Tono Martínez: Partí de esas tradiciones. La de Burton recorriendo Medina y La Meca, la de los viajeros ingleses que contaron sus experiencias. Así quería contar a la Argentina. Esto me permitió abordar los temas con toda la libertad opinativa y, por tanto, también polémica.


P.:
¿El título «La venganza del gallego» es un ajuste de cuentas por los «chistes de gallegos»?

J.T.M.: Claro, ahora que lo gallegos somos ricos vamos a contar lo que pensamos de vosotros (ríe). No, mi venganza es contra el tiempo, soy el gallego vengador que trata de fijar ese río. Nada tengo que vengar desde el punto de vista de las afrentas, fui bien tratado y tengo muchísimos amigos. Acaso mi libro tiene un puntode ironía al analizar las cosas de la Argentina, puede haber en él admonición, pero no venganza.


P.:
¿Qué fue lo primero que le sorprendió al llegar?

J.T.M.:Ver a los argentinos charlando en sus enormes cafés. El argentino disfruta hablando como pocos países lo hacen, de todo y de sí, con total entrega e impunidad, pero debo ser ecuánime, también disfruta escuchando. Lo mismo que se pone la lengua a la primera de cambio, también se pone la oreja.


P.:
¿Cuál es su visión de la Argentina?

J.T.M.: La de un enamoramiento de esa mujer: la Argentina, hermosísima por cierto, a veces caprichosa, dubitativa, indecisa, celosa, arbitraria y un poquitito envidiosa. Mi libro es la consumación de esa relación amorosa, que como todas es complicada, uno se enoja con las cosas que no funcionan en un país tan rico y maravilloso, con las capacidades perdidas y con el maltrato a la gente.


P.:
Sostiene que el argentino, mientras ejerce de argentino, siempre fracasa.

J.T.M.: La argentinidad es un mito de los argentinos que está muy mal entendido. Para que la Argentina salga de sus estado actual de postración, tiene que desargentinizarse, refundar un proyecto de medianías, sin extravagancias ni mitos. Los estados hobbesianos están interesados en que sintamos el territorio que habitamos como propio, y uno es ciudadano del mundo. Partiendo desde esa base el concepto de argentinidad nunca me ha parecido operativo. Si es un engaño ese énfasis en cualquier parte del mundo, me parece que en este país ha encubierto muchísimas veces, está ocurriendo en estos mismo momentos, un discurso que evita ir al fondo de los problemas. Es muy fácil decir «vamos a avanzar Argentina». No, no me hable de Argentina, hábleme de las escuelas, de las calles, de la seguridad. Ese concepto lo usa el Estado para conmover a la gente y evitar que piense. Se ha abusado de ese constructo esencialista de «la argentinidad», siempre decorado con emblemas y elementos de folklore. Los gobiernos populistas tienden a aprovecharse de este tipo de cosas. Por eso creo que en la medida en que los argentinos se desargentinicen de esa esencialidad argentina y se hagan seres normales de cualquier sitio, van a funcionar mejor. No lo digo yo, lo decía vuestro Homero, Borges, yo simplemente retomo su mensaje. Nos pasó en España, afortunadamente eso quedó atrás, que cuando algo no funcionaba se le echaba la culpa a los de afuera, porque el nacionalismo tiene ese recurso y le gusta declamar que «somos diferentes» para mantener el aislacionismo.

P.: ¿Por qué nos reclama medianías?

J.T.M.: Los progresos de los países están construidos sobre medianías. Otra idea que choca contra las esencialidades de los nacionalismos que creen en el decurso de las ideas brillantes y las genialidades. Me causó gracia los argentinos que dicen «eso lo arreglamos con un alambre». No, no sea usted genial, sea previsible y eficiente, arregle las cosas como se deben arreglar, y sume a su labor algo cada día.


P.:
¿Por qué sostiene que los argentinos no entendieron los mensajes finales de Borges?

J.T.M.: Borges fue un trabajador implacable, erudito, serio, que hacía todos los días su página. Se lo toma en abstracto y se lo convierte en un improvisador genial. En la retirada de Borges a morir en Ginebra hay dos mensajes que le manda a los argentinos. Uno, cuando elige el lugar de su muerte: sustrae a la Argentina el fastuoso entierro de Estado en la Recoleta, hurta el espectáculo de la entronización que él sabía que iba a ser su muerte, y elige la humilde y triste muerte en un país extranjero. Ratifica así que detesta los nacionalismos y al Estado, y que pertenecía a muchas tradiciones. El segundo está en su último poema, «Los conjurados», que ha sido leído mal porque se creyó que hablaba de Suiza, y habla de la Argentina.Allí dice: «hay un momento que han tomado una decisión, la más importante: ser razonables, ser ecuánimes». Les está diciendo: no quieran ser geniales, ingeniosos, sean previsibles. Y en esa previsibilidad de llevar bien las cuentas, al final las cosas andarán bien. Ese es el mensaje final de Borges, que es un gran maestro.


P.:
Ortega y Gasset reclamó «argentinos, a las cosas», ¿ usted qué propone?

J.T.M.: Esa fue una gran intuición de Ortega, dio ese mensaje cuando éste era un país muy importante, supo anticiparse. Les dijo dejen de lado las construcciones ilusorias, abandonen las mistificaciones, no permitan el exceso de estatismo, vayan a las cosas de todos los días. Yo les diría que sean honestos con su propia tradición, esa de la ciudadanía universal, del programa de la ilustración, que les permitió construir este hermoso país, sean menos argentinos.


Entrevista de Máximo Soto

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