1 de junio 2000 - 00:00
"LA CASA EN LA MONATAÑA EMBRUJADA"
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Cuarenta años más tarde, la casa embrujada vuelve al cine, sólo que esta vez no hay esqueletos sobre las cabezas del público, y en cambio hay uno de los homenajes al terror más sorprendentes del cine reciente. Aunque no le servirá para el Oscar ni para prestigiar más su carrera, Geoffrey Rush, generalmente relacionado con films serios como «Claroscuro» hace un trabajo memorable como Stephen Price, diabólico dueño de terroríficos parques de diversiones que quiere homenajear a su esposa (una deliciosamente cruel Famke Janssen) con una fiesta de cumplea-ños diferente: los invitados deben pasar la noche en la mansión-manicomio donde en los años '30 un científico loco realizaba sangrientos experimentos que culminaron en una no menos sangrienta rebelión de los internos.
El intenso prólogo de época muestra justamente ese cruento episodio, con imágenes decididamente no aptas para espectadores impresionables, que ya van dando una buena pista del conocimiento del género del director William Malone, quien, entre otras cosas,
convocó a un actor de culto como Jeffrey Combs («Reanimator») para el rol del médico desquiciado, cuyo espectro sigue alimentando la maldad de la casa en la colina embrujada.



