29 de septiembre 2003 - 00:00

La crisis aguza el ingenio argentino

Ubicada en el extremo sur del continente, la Argentina aún permanece alejada de los circuitos internacionales donde se consagra el arte. Si bien las posibilidades de inserción de los países periféricos han aumentado en la nueva sociedad global, la distancia y un estado carente de políticas de expansión cultural, mantienen a los artistas argentinos casi tan alejados de los centros del arte como hace media centuria. Trascender la frontera en los tiempos de la posdevaluación no es tarea fácil. Más allá de la onerosa puerta que abren las ferias internacionales, o de las esforzadas iniciativas personales que van desde partir con las obras bajo el brazo hasta a afrontar el rigor del exilio voluntario, la presencia argentina en el extranjero se debe generalmente a la «gentileza» de los escasos curadores y operadores internacionales que deciden incluir a la lejana Buenos Aires en sus giras.

Sin embargo, el adverso contexto de la crisis parece haber aguzado el ingenio de nuestros artistas y también el de los operadores culturales. En este sentido, y como buen ejemplo de capacidad creativa, vale la pena destacar el inédito proyecto gestado por la galería Braga Menéndez Schuster, que en pocos meses más le permitirá recorrer indefinidamente el mundo con sus artistas sin depender -o dependiendo muy poco, en realidadde la buena voluntad de los extranjeros.

• Mecano

El proyecto en cuestión es un módulo, una inmaculada caja blanca de 9 metros por 6, un espacio neutro con condiciones ideales para albergar obras de arte, cuyo diseño lleva la firma de un estudio de arquitectos de Nueva York y unos diseñadores de Barcelona. El módulo casi podría compararse con una casita prefabricada, porque se arma como un mecano con unos pocos encastres y cabe en un container y medio, aunque claro, haciendo la salvedad de que reúne las condiciones de excelencia de una buena sala de museo. El objetivo es que se pueda instalar rápidamente en cualquier institución e incluso en espacios al aire libre, pues lo único que demanda es un enchufe y alguien que cierre y abra la puerta.

Los galeristas Florencia Braga Menéndez y Marcelo Schuster cuentan que la idea surgió mientras trataban de crear un espacio de silencio para la obra de Max Gómez Canle, en el caótico espacio de los Estudios Abiertos de San Telmo. Así comenzaron a pensar en la forma de aislar la muestra del entorno, e inspirados en «La estrategia del caracol», film que plantea la posibilidad de llevarse la casa a cuestas, surgió la idea del módulo.Y cuanto más avanzaban en el concepto de crear un territorio que funcionara como una cápsula, más propicio se tornaba el proyecto para desarrollar los postulados teóricos y políticos de la galería. Es decir, el proyecto, sencillo y complejo a la vez, consiste por un lado en una caja de formas puras cuyo costo puede rondar los 15.000 dólares, pero por otro lado, «ese espacio autónomo brinda la posibilidad de independizarse de la mirada legitimadora internacional y la cipaya local», dice Braga Menéndez sin vueltas. «El punto es enviar muestras curadas en Argentina, que más allá de ser un proyecto de exportación sea un proyecto político, porque pensamos en un territorio donde se respete nuestra identidad», agrega.

Lo cierto es que en un mundo cada vez más uniforme, donde las escasas expresiones que quedan con algún sabor local tienden a diluirse, los artistas argentinos suscitan el interés de los sacerdotes del arte que deciden la gloria de los artistas. Sin embargo, Braga Menéndez dice no compartir el criterio de las muestras «fantásticas» que proponen los curadores «estrella». «Lo nuestro es un modo de resistencia -agrega Schuster-un proyecto como éste no podría surgir nunca en el Norte.

Nuestra idea es instalar esa cápsula incontaminada en los espacios internacionales, llevar el arte pero también el discurso de la galería, que es diferente al de los curadores de afuera».

Lejos de suscitar resistencia, el proyecto de los jóvenes galeristas entusiasmó al vicecanciller de España,
Miguel Angel Cortés, quien en febrero los invitó a Madrid y les abrió las puertas de varias instituciones. «Le explicamos que no queremos esperar a que nos autoricen o nos legitimen desde afuera. La galería se alimenta de las relaciones transatlánticas que establecimos con quienes entienden el derecho de independizarnos de la mirada foránea», señalan.

• Estrategas

Con estas ideas, y como mariscales estudiando su estrategia frente al mapa del campo de batalla, eligieron varias ciudades donde les interesaba desembarcar con su arte y decidieron ampliar el proyecto. El primero de los módulos individuales estará listo para partir en marzo, pero con el apoyo de un patrocinante aspiran aumentar el número a seis o siete. Museos de París, Berlín y Madrid son los primeros destinos que figuran en un extenso programa de giras que aspira a mantener rotando el arte argentino por el mundo.

El reducido costo del emprendimiento es un dato que entusiasma a los galeristas. Mientras la participación en cualquier feria internacional implica un gasto que oscila entre 20.000 y 50.000 dólares, el costo de los módulos MBS no sobrepasa los 15.000 (la medida estándar para un solo artista puede ser menor) y el traslado está estimado en 10.000. «Se trata de un estupendo negocio», concluyen.

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