19 de enero 2000 - 00:00

"LA FORTUNA DE COOKIE"

El viejo maestro Robert Altman tiene s obrada y sobradora habilidad para reírse de los suyos, a veces con incisivo sarcasmo, y a veces con perversa amabilidad. Esta última es la tónica de la comedia que ahora vemos, y con la cual se pasa un lindo rato.
Eso sí, el comienzo es un poco desganado, como si la historia tardara en iniciarse. Además tampoco se puede simpatizar enseguida con gente que come enchilada de bagre, y esas cosas. Pero eso es sólo para poner en clima. De a poco, el espectador se va enganchando con la vida cansina de un negro viejo, gordo y bonachón, una viejita pintoresca, policías de pantalones cortos, un pequeño comerciante enamorado, en fin, gente que pasa el día pescando junto a un pueblito lindo, pachorriento, del sur norteamericano.
Y cuando todo parece mantenerse en bucólica placidez, de pronto la vieja decide irse con su finado esposo, una parienta bastante histriónica y presumida mezcla los tantos, causando un buen enredo, y la consiguiente investigación policial hace dar al negro con todos sus kilos a una celda.
Por suerte, la comisaría del lugar es todavía más acogedora que la de «Don Bildigerno en Pago Milagro», y todo el relato tiene un agradable sabor a cuento típico, bastante en la línea de Mark Twain y otros grandes humoristas, sólo que aquí, en vez de la tía Polly, están la tía Cookie, y la otra tía, Camille Dixon, metida y dominante, a la que nadie sabe cómo hacer callar. Nadie, excepto la guionista.

 Sarcasmo

El guión de Anne Rapp, muy bien armadito, y la socarrona mirada del pícaro Altman, ofrecen bastante sarcasmo, unos cuantos equívocos (la base de todo el cuento está, precisamente, en el juego de las apariencias), y un feliz reencuentro con cierto tipo de narrativa estadounidense. Esto último, dicho sea de paso, incluye una pintura cariñosa y burlona de la dominación femenina en el sur norteamericano. En efecto, aquí tanto las viejas anticuadas que todavía insisten en las glorias perdidas y el honor familiar, como la jovencita rebelde, y hasta la más infeliz que no mata ni una mosca, son todas de temer.
Luciéndose al servicio de esta historia, brilla un elenco encabezado por Glenn Close (que además tiene su minuto exclusivo de unipersonal con clásicos), el negro Charles S. Dutton, y los veteranos Patricia Neal, Donald Moffat y Ned Beatty, amén de una parejita que lo pasa bomba a cada rato.

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