18 de septiembre 2008 - 00:00

La Gran Inmigración como no se vio antes

Filmada en parte en la Argentina, con actores y técnicos locales, este potente y emotivo filmde Emanuele Crealese es un ejemplo del cine que acá se puede hacer.
Filmada en parte en la Argentina, con actores y técnicos locales, este potente y emotivo film de Emanuele Crealese es un ejemplo del cine que acá se puede hacer.
«Nuevo mundo» (Nuovomondo, It., 2006, habl. en it., sic., ingl.); Guión y dir.: E. Crealese; Int.: V. Amato, CH. Gainsbourg, A Quatrocchi, A. Prodan, I. Ragonese, F. Casisa, F. Pucillo, F. Luna.

Difícil explicar cómo es que esta obra sobre la Gran Inmigración, tan emotiva, tardó tanto en estrenarse, luego de su rodaje, durante abril-mayo de 2006, en el Hotel de Inmigrantes disfrazado de Ellis Island, y el Río de la Plata reconvertido en Mar Dulce (y Tempestuoso), y su presentación a sala llena en el Monumental, diciembre del 2006, amén de haber recibido el Pasinetti y otros premios en Venecia, y haber sido la candidata italiana al Oscar de 2007. En fin, perdonemos la demora, y agradezcamos con todos los sentidos, porque a este «Nuovomondo» (así, todo junto) hay que verlo, y además oírlo.

Esto último, no sólo por la variedad de acentos que se perciben, sino, sobre todo, por un momento excepcional, formidable, en que el sonido realmente nos sorprende, nos estremece, y nos hace comprender de veras lo que habrán sentido nuestros abuelos en el momento de partir rumbo a tierras desconocidas. Y tras ese ruido, la imagen del desgarro, del abismo, del adiós, expresada con una fuerza tan sencilla y tremenda que uno se pregunta cómo no la habíamos visto hasta ahora en ninguna película, en ningún cuadro.

Notable, ya antes, otra imagen, la de una familia saliendo del pueblo, como en una representación antigua, y otras, también inesperadas, a todo lo largo de la historia

Con pocos elementos trabajó su autor, Emanuele Crealese, el de «Respiro». Pocos, y bien aprovechados. En vez de disimular, o pretender, por ejemplo, una tormenta digitalmente trucada, él evidencia la representación, y se juega varias veces con una serie de representaciones simbólicas, donde los viajeros llevan consigo, de algún modo, a sus muertos, y, engañados por fotos trucadas, sueñan con una tierra de abundante leche y miel, o en este caso leche y zanahorias, que de haber desembarcado acá pronto hubieran llamado « zanagorias», pero llegan a los EE.UU,, mejor dicho a las puertas, y acá viene otro de los momentos más intensos, simbólicos, y hermosos, pero antes se explica también el plan de una viajera misteriosa, que interpreta Charlotte Gainsbourg, y de paso se lucen, en pequeñas apariciones, Andrea Prodan, Sandra Sandrini, Emilio Bardi, Pascual Condito, y se lucentambién la productora Diana-Frey, el asistente Emiliano Torres, y muchos otros artistas y técnicos locales.

Sintetizando, un ejemplo del cine que acá se puede hacer, una obra singular, algo emparentada con la de los hermanos Taviani, y una sensación de estar abriendo el propio libro de recuerdos de familia, cualquiera sea la ascendencia del espectador, y sentir acaso, con una sonrisa compasiva y a la vez admirada, cuán brutos y valientes fueron los abuelos. «E chi é questo signore Luciano que doviamo temere?», pregunta uno, ya embarcado. «Ma che Luciano!. L'oceano!», responde otro, que ya sabe la que les espera.

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