6 de octubre 2003 - 00:00

"La jaqueca" dibuja vínculos reconocibles

La jaqueca dibuja vínculos reconocibles
«La jaqueca». Dramaturgia: H.Tejedor y C. Drut. Int.: C. Peluffo, A. Garibaldi, M. Forza de Paul. Dir.: C. Drut. Dis. de Escenografía e Iluminación: G. Caputo. (El Excéntrico de la 18 -Lerma 420)


En este nuevo trabajo -cuyo texto dramático fue producido en equipo-, Cristian Drut vuelve a demostrar su gran habilidad para generar espacios cerrados e intimistas que le permiten sondear en los vínculos humanos con una lente de aumento.

Desde la fantasmal « Señora, esposa, niña, y joven desde lejos», hasta el alucinante universo selvático de Horacio Quiroga expuesto en «Badulaque» o la gélida disección del mundo de los ejecutivos de «Top dogs» (estrenada este año en el Teatro San Martín), Drut ha ido llevando a la escena historias impregnadas de humanidad, cuyo entramado es producto de una sutil tensión entre el peso de las palabras y la elocuencia de los silencios.

Casi podría decirse que no hay un conflicto preciso que motorice la acción o la oriente hacia un final más o menos definido, sino que son los mismos personajes los que urden la trama por la simple interacción entre ellos. Este rasgo está muy acentuado en «La jaqueca» y conviene señalarlo, ya que un espectador desprevenido puede sentir que «no pasa nada» en el plano anecdótico, cuando en realidad lo valioso de esta obra es que trabaja -casi subliminalmentesobre temas tan dolorosos como la muerte de los padres, la pérdida de las ilusiones, la rivalidad entre hermanos o la conciencia de la propia mediocridad.

• Desasosiego

La presencia de una mujer mayor, postrada en la cama y rodeada de sus dos hijos, provoca ya de por sí un inquietante desasosiego, en este caso acentuado por la carencia de artificios escenográficos y la intensa proximidad entre público e intérpretes. Aún tratándose de una madre quejosa e insatisfecha, que sabiendo que va a morir no deja de manipular a sus hijos y de estimular la competencia entre ellos, también exhibe otras facetas más simpáticas como, por ejemplo, cuando los tres hojean juntos un viejo album de fotografías. La evocación del pasado le da una nueva perspectiva a este presente acechado por la muerte. En contrapartida, las estrambóticas teorías que expone la mujer mueven a risa, así como sus prejuicios y manías logran despertar en el público una profunda identificación.

La delicada y minuciosa actuación de Cecilia Peluffo hace que esta madre amplíe su rango de universalidad. Verla en acción junto a sus dos hijos (a los que Ana Garibaldi y Miguel Forza de Paul otorgan una desarmante credibilidad) induce al espectador a rememorar su propia historia.

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