15 de septiembre 2005 - 00:00

"La llave maestra"

Kate Hudson, la enfermerade «La llave maestra» quese ve envuelta en untorbellino de magia negra yvudú que la asustan sólo aella, hasta poco antes deque termine la película.
Kate Hudson, la enfermera de «La llave maestra» que se ve envuelta en un torbellino de magia negra y vudú que la asustan sólo a ella, hasta poco antes de que termine la película.
«La llave maestra» (The Skeleton key, EE.UU., 2005, habl. en inglés). Dir: I. Softley. Int.: K. Hudson, G. Rowlands, J. Hurt, P. Sarsgaard.

Clásicos como «Los inocentes» de Jack Clayton, «¿Que pasó con Baby Jane?» de Robert Aldrich o «Yo dormí con un fantasma» de Jacques Tourneur prueban que el terror con punto de vista femenino no tiene por qué ser light. Justamente, como en el film de Tourneur, «La llave maestra» relata una historia de vudú y magia negra, no de Haití sino de folklóricos paisajes del sur estadounidense. Pero todo en clave light y estética publicitaria, con una notable falta de acción y sustos hasta la mitad del film, más un desarrollo argumental obvio al comienzo y lleno de vueltas de tuerca sorpresivas hacia el final.

Kate Hudson
es una enfermera de Nueva Jersey a la que no le resulta fácil entender los misterios y supersticiones sureñas con las que se topa a cada rato al realizar sus prácticas de cuidado de enfermos terminales en Nueva Orleans. Sin embargo hasta el más escéptico entiende que algo raro pasa en la siniestra casona donde la poco simpática Gena Rowlands -para no decirle directamente bruja- atiende con extrañas terapias a su marido John Hurt, que no puede caminar ni hablar. En la casa no hay un solo espejo, ocurren inexplicables ataques cerebrales, las enfermeras renuncian en masa, las recetas de la dueña de casa parecen gualichos y el paciente está tan aterrado que es capaz de arrastrase hasta el techo y arrojarse al vacío intentando huir de algo que lo mata de espanto. Todo está filmado con muy poca garra y salvo la excelente Rowlands no hay actuaciones que ayuden al clima de terror. Los innumerables desenlaces sorpresa al estilo «Dimension desconocida» traen un poco de entretenimiento, lamentablemente a expensas de la coherencia con todo lo visto previamente.

D.C.

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