19 de septiembre 2001 - 00:00
La poesía, para Noël, libra combate contra la televisión
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Bernard Noël.
P.: ¿Hay nuevos poetas? ¿Qué pasa en Francia?
B.N.: Para tener una visión general de un poeta habría que tenerla no sólo de su obra, sino de lo que hizo y cómo se situó en su contexto. El poeta más independiente es dependiente de lo que lo rodea, y lo que hace tiene sentido en relación con lo que hacen otros. Si pienso en la producción poética en Francia, en los últimos 40 años, es la más rica de mi país. Lo más grave es que los franceses no lo saben. Hay un centenar de poetas interesantes. Y esto mismo es cierto en los Estados Unidos, Alemania y Suecia.
P.: ¿Por qué crece el interés por leer y escribir poesía entre los jóvenes?
B.N.: Me pregunto si ese interés por la poesía no se ha incrementado en la medida de la falta de interés de los medios por ella. Eso la libra de compromisos. Sorprende pensar que la mejor literatura se escribió en épocas de censura, y toda la historia de la literatura ha estado sometida a situaciones de censura. Creo que el mundo mediático, el que impone la TV, es destructor de culturas, porque es creador de consumo cultural, y el consumo cultural es lo contrario de la cultura.
P.: ¿Lo considera como un modo de censura?
B.N.: Yo he trabajado mucho ese tema y he inventado la palabra «sensura». O sea censura pero con «s», que suena a «sans sens», que vendría a significar «sin sentido», o mejor: privación de sentido. La censura tradicional, muchas veces de tipo político, impide manifestar ciertos temas, el mundo mediático permite todas las expresiones, pero las priva de sentido. La censura tradicional no pudo practicarse sin autodenunciarse a causa del impedimento compulsivo que ejercía. Por tanto, obligaba a quienes intentaban escapar de ella a ser creativos. En tanto que la censura como privación de sentido, tanto por falta de difusión como por banalización, neutraliza lo que ha sido escrito. Esto se debe a que la sociedad mediática funciona ocupando todo el campo visual. Y si el campo visual está ocupado, el campo mental también está ocupado. Es un totalitarismo seductor.
P.: ¿La poesía contra la televisión?
B.N.: Desde ya, es su combate, y por eso no puede ser mediatizada. La poesía lucha contra la televisión. Y enfrenta a la TV porque la poesía tiene la utilidad de conservarnos alerta. Cuando se controlan los ojos, la cabeza, se controla a la gente indoloramente.
P.: ¿Pareciera haber desaparecido el mito como el tradicional fundamento de lo poético?
B.N.: El mundo mediático es totalmente antimítico. Propone una falsa democracia. No busca democracia, sino consenso.
P.: Usted investigó la censura en la ex Unión Soviética...
B.N.: Hice una experiencia de investigación, una encuesta, que pretendía alcanzar a varios países del Este, porque quería saber qué ocurría con la cultura cuando llegaba la libertad. Sólo pude hacerla en Polonia, por falta de recur-sos. Me di cuenta de inmediato de que la caída del Muro de Berlín, la libertad, era la libertad de expresión. Pero fue muy fuerte para mí darme cuenta de que esa libertad conquistada estaba condicionada por la economía. Una poeta polaca, que no fue traducida, pero es muy célebre en su país porque con su marido encarnaron la resistencia al sistema comunista (habían hecho, entre otras cosas, una gran antología de poesía norteamericana en la época de Jaruzlesky), me dijo algo que me marcó y que creo que resume bien la situación: «El problema hoy es que ya no sabemos dónde está el enemigo». Creo que esto es algo muy propio de las sociedades mediáticas.
P.: Según usted, la TV ocupa, a través de los ojos, el cerebro. ¿La poesía aún busca alcanzar el cerebro a través del corazón u ocurre, como plantea George Steiner, que los poetas ya no resguardan la palabra, sino que especulan sobre su oficio o convergen hacia el silencio?
B.N.: Lo propio de la poesía es crear una emoción pensante, o bien: un pensamiento emotivo. No hay razón de ser. Ser es vivir lo imposible hasta hacerse de una razón. Alguien me dijo que lo típico de los poetas franceses es escribir sobre lo que hacen. Teorizan sobre su práctica. En general, yo diría que los poetas intentan entender lo que ocurre. Establecer una relación con lo desconocido. Por otra parte, sólo se pueden conservar los valores criticándolos, contestándolos. Acaso esto es algo que atraviesa mi generación, la denominada contestación de quienes nacimos alrededor de los años '30. Yo siempre he buscado ser crítico con lo que hago, con lo que me ocurre y con lo que ocurre, acaso porque no quiero ni pretendo ser salvado. Además, luego del silencio, del vacío, puede advenir una precipitación.
P.: ¿Por qué el siglo pasado tuvo tanto movimiento poético vanguardista: dadaísta, surrealista, beatniks, etcétera?
B.N.: Ese es el aspecto militar de la poesía, las vanguardias quieren tomar el poder. Descubrieron que el poder se logra entre varios, mejor que de a uno. Todavía hay escuelas, capillas, grupos. La última muy conocida en Francia fue la de la revista «Tel Quel», eficaz en imponer sus criterios de lo que ese grupo consideraba como poesía.
P.: ¿Hay algún papa actual de la poesía en Francia, como en el pasado se lo consideró al surrealista André Breton?
B.N.: Yves Bonnefoy. Pero, eso sí, tenemos papas y subpapas.
P.: ¿Cómo hizo para escribir tantos libros: desde poemas hasta ensayos literarios, biográficos y políticos (como el dedicado a la URSS) o estudios sobre pintores?
B.N.: Me prestaron muchos (ríe). La lista de mis obras es muy larga, pero porque hay libritos que tienen unas pocas páginas.
P.: ¿Un poeta que prefiera?
B.N.: T.S. Eliot.
P.: ¿Un pintor?
B.N.: Matisse.
P.: ¿Una película?
B.N.: «La condesa descalza»
P.: ¿Un libro que le hubiera gustado escribir?
B.N.: Hay varios que se pelean, pero diría: «La muerte de Virgilio», de Hermann Broch.




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