24 de enero 2002 - 00:00

La puesta enmaraña más un difícil texto de Monti

(24/01/02) «Finlandia», de R. Monti. Dir.: M. Viñao. Vest.: H. Pigozzi. Int.: Cutuli, A. Bonelli, I. Gadano y J. Rod. (La Trastienda.)

Ricardo Monti es uno de los autores más importantes de la dramaturgia argentina; lejos del costumbrismo, sus obras ahondan en el significado profundo de los comportamientos humanos, y aunque en muchos casos reflejen problemas que incumben a la realidad del país, su formulación adquiere proporciones universales. Esta característica aparece con claridad en «Finlandia», una pieza de difícil comprensión.

Argumento

En un lugar desolado, un hombre cansado y enfermo espera el ataque de un enemigo a quien llama «El loco». Su edecán lo acompaña fielmente y lo aconseja. Dos hermanos siameses, unidos por el sexo, que han sido capturados, despiertan las sospechas de haber sido enviados como espías. Otra pareja que no aparece en escena espera la libertad o la condena. Son una niña de alta sociedad y un sacerdote (su relación merece el mismo repudio que el que padecieron Camila O'Gorman y su amante clérigo). Los dos prisioneros italianos, actores ambulantes, ofrecen una representación que ilustra sobre el purgatorio, el mundo y el paraíso y, finalmente, se ofrecen como víctimas para salvar la vida de los otros amantes. Pero el único que sobrevive es el niño.

El mayor interés de la pieza de Monti reside en el texto, que por momentos roza la obscenidad y en otros se apoya francamente en la poesía.

Mónica Viñao
ha estructurado una puesta austera, en la que la pasión está ausente y en la que (salvo en el caso de los actores ambulantes) parece no existir relación entre los personajes.

Beltrami
(interpretado por Cutuli) aparece como aislado, torturado por la soledad y el temor, atado al sueño de un poder perdido, que es simbolizado por un sillón astroso con pretensiones de trono.

Salvo en el monólogo del ayudante, interpretado por Jorge Rod, la emoción también está ausente.

Cutuli
compone con solvencia al solitario Beltrami, pero en muchos momentos los parlamentos se pierden, lo que hace más difícil la comprensión de la pieza.

Son convincentes las actuaciones de
Andrea Bonelli e Ignacio Gadano, aunque la excesiva preocupación de Viñao por la belleza de las imágenes prevalezca sobre el significado y reste pasión a la torturada relación de los personajes.

El resultado es confuso y deja la sensación de que la pieza de
Monti es más un texto literario que un pieza dramática.

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