30 de agosto 2006 - 00:00

Las majors temen a la TV digital

En el Palacio de Telecomunicaciones, el norteamericano Jim Williams expuso ayer frente a ingenieros, abogados y radiodifusores acerca de la prevención de la piratería en la futura TV digital.

Representante de la Motion Picture Association of America, que nuclea a las productoras de cine más importantes de Hollywood (Disney, Universal, Columbia, Warner, Paramount, Metro Godwyn Meyer y Fox), Williams no ocultó que la industria le teme cada vez más al consumidor convertido en difusor no autorizado, pues estropea el negocio de discográficas, productoras de cine y TV, desde el momento en que sube contenidos a la red a los que puede accederse libremente por millones de usuarios.

Bregó este representante de la MPAA por el freno a la manipulación de los contenidos en Internet y expuso dos posibles maneras para comenzar a pensar en la codificación de contenidos en la futura TV digital. Sin embargo, fueron varias las críticas que recibió frente a la intención de encriptar el contenido, en este caso de la TV por aire y gratuita. Las principales objeciones apuntaron a que, legislando contenidos, peligra el libre acceso a la cultura y se obliga al usuario a un reequipamiento que, como mínimo, deberá consistir en decodificadores.

Mientras se preguntaba Williams cómo proteger la TV abierta que Internet está lista para atrapar, destacó que esa forma nada tiene que ver con la norma que se adopte para la TV digital. La confusión surge desde el momento en que los modos de evitar la redistribución indiscriminada por la red pueden ser dos: japonés o norteamericano. Europa adoptará el camino norteamericano.

Los modos de protección consisten en hacerlo desde la fuente (modo japonés) o desde el receptor (modo norteamericano). El primero radica en encriptar en el origen de la señal, utilizando el mismo sistema que las transmisiones digitales satelitales y un decodificador que decodifica la señal mediante el uso de un tarjeta inteligente renovable. El segundo implica transmisiones sin encriptar, esto es, el radiodifusor no dispone de un mecanismo contractual para controlar contenidos, sino que es el Gobierno el que debe reglamentar su protección en el momento de la recepción.

Con este último método se recibe el contenido, o bien con el mensaje «protegido o no» (se accede sin problema, por caso, al discurso del Presidente) o con el mensaje «protegido». En este último caso, el aparato receptor, por ley, no descifra el contenido y prohíbe su redistribución.

El interrogante que surge es quién cubre el costo del reequipamiento que exige la MPAA a canales y usuarios (decodificadores, nuevos aparatos de TV, etc.). Las emisoras están reequipándose paulatinamente pues saben que deben estar listas para el apagón digital que en Argentina no sería antes de 2020.

La industria reclama la subvención del Estado y alega que aportará fondos para el reequipamiento, pero el panorama es confuso pues Williams, representante interesado en que las producciones de las grandes «majors» no sean pirateadas, habló de aporte a modo de canje y publicidad.

Entre los presentes se cuestionó la causa por la que buscan quitar al usuario su derecho de aprovechar el material disponible en la web. La respuesta fue que por cada servicio debe pagarse un precio diferente: no es lo mismo la TV gratuita que cine o un DVD. Ahora bien, la discusión radica en que lo que emite la TV de aire actual sea codificado en el futuro, y por ende haya que pagar. El fin último es que las teledifusoras productoras de contenido no vean estropeado su negocio de exportar, ya que si estuvieran disponibles en la web, pasarían a costar cero.

Williams enfatizó en que debe convivir la TV analógica con la digital durante varios años, teniendo en cuenta que 35% de la población sólo accede a la TV analógica desde el aire. También habló del interior del país, desconociendo quizá que ni «Canal 7» llega por aire a muchas regiones. Esto sin mencionar que los canales locales son meras repetidoras de los canales de Buenos Aires.

Con la herramienta digital, el consumidor se vuelve « remixador» y manipulador de contenidos, lo cual es una amenaza tanto para la industria como para los autores. Ahora bien, ¿no existe un punto intermedio para permitir al usuario redistribuir contenidos amparándose en el libre acceso a la cultura? Numerosos internautas extreman las cosas y dicen que se busca prohibir la comunicación de los usuarios valiéndose de las herramientas digitales.

Lo cierto es que el de la TV digital es un negocio millonario del que todos quieren sacar partido y para ello Internet juega en contra. Pero también se sabe que es incontrolable, por caso, el poder de los « bloggers» ha llegado tan lejos que costará frenarlo. Fueron los blogs (páginas en Internet de anónimos) los que denunciaron las fotografías trucadas vendidas a «Reuters» y la agencia debió despedir al fotógrafo. También a través de blogs se ponderaron cortos y películas al nivel de llegar a su estreno comercial, como «Terror a bordo».

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