18 de junio 2003 - 00:00

"Las mujeres creemos controlar todo, y no controlamos nada"

María Tena
María Tena
U na amiga le confió a la escritora española María Tena «una catástrofe sentimental». Ella se sorprendió de que no hubiera una novela que contara un caso así, y se decidió a escribirla. Así surgió «Tenemos que vernos» (Anagrama), finalista del premio Herralde de novela y bestseller en su país. María Tena es una escritora tardía, que hasta ahora se había dedica al cuento. Estudió Derecho y Letras. Fue jefa de Gabinete del Tribunal Constitucional de España, bajo la conducción de Francisco Tomás y Valente, asesinado por ETA en Madrid. Tena visitó Buenos Aires para participar de una reunión de la UNESCO. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Es cierto que «Tenemos que vernos» salió de la charla con una amiga?

María Tena: Yo estaba buscando una historia, y esta es de lo más corriente, pero no la había visto nunca escrita. Una amiga me confesó su drama en una frase, y yo me di cuenta que eso tenía muchas posibilidades literarias.


P.:
¿Se le puede creer que lo que cuenta no es algo personal?

M.T.: Flaubert decía que las buenas novelas son las que se dan de una vez y conectan con el temperamento del autor. La frase de mi amiga me hizo imaginar un matrimonio que parece feliz, una mujer que le hace confidencias a una amiga. Las mujeres somos más valientes en contar temas íntimos. Eso es peligroso, exponer la intimidad pone nuestra vida en manos de los demás.


P.:
¿No le molestó a su amiga su novela?

M.T.: Le mande el manuscrito para saber que no se sentía herida por lo que contaba. No se vio reflejada en la protagonista, pero me pidió que quitara el dato sobre un piano, porque para ella esa era una experiencia muy traumática.


P.:
¿No le propusieron llevar la novela al cine?

M.T.:Ya he tenido un par de propuestas.


P.:
¿Cuánto le llevó escribir esta novela?

M.T.: Tardé tres años en volverla una historia sencilla, que fuera como esas piedras que pule el mar, simples en su redondez y, sin embargo, fruto de mucho trabajo. Quité datos que hacían evidente el desenlace, para sostener la intriga; dejé en silencio a la amiga cómplice, para que cada lector la imaginara. Quise más mantener el interés que elaborar alguna doctrina.


P.:
La literatura ofrece más que la mera historia que cuenta.

M.T.: Esta no es muy optimista sobre el género humano. Muestra una protagonista tan ingenua que cree controlarlo todo...


P.:
¿Escribió una historia de traiciones y engaños?

M.T.: ...y de secretos.

P.: ¿Y del deseo de controlar?

M.T.:Vivimos con gente que creemos controlar. La mujeres creemos que controlamos todo: el trabajo, los amigos, los hijos, los amantes, los maridos, y no controlamos nada. El ser humano sabe muy poco de los demás. Se cree convivir con una persona totalmente plana, que se domina, y de pronto uno se lleva una sorpresa brutal.


P.:
¿Se comprende que uno no sólo controla poco de otros sino también hasta de uno mismo?

M.T.: Es cierto, a veces uno esta enfermo y no sabe que lo está. Sabemos poco, y tenemos el espejismo de creer que sabemos todo. Acaso ese espejismo nos ayuda a vivir. Es difícil hablar de otras parejas, e incluso de la propia.


•Mujeres complicadas

P.: Usted relata, sin que sea el centro de la novela, de un hombre que abandona a su esposa por una mujer diferente...

M.T.: Más relajante. Creo que las mujeres que hemos trabajado desde jóvenes nos hemos convertido en personas complicadas porque llevamos vidas estresadas. Y el hombre prefiere a otro tipo de mujer. La mujer inteligente da un poco de miedo, a cierto tipo de hombre, gracias a Dios no a todos.


P.:
Muestra a mujeres que se creen cómplices y son en realidad ferozmente competitivas...

M.T.: Esta es una historia particular, no se puede generalizar. Hay veces que las menos feministas son las mujeres, son las peores. Una mujer que busca como una presa a un marido que tenga dinero es lamentable. Muchas veces las mujeres, al intentar conseguir una serie de derechos, hemos imitado a los hombres. Por otra parte, el feminismo tradicional esta superado. Hoy buscamos nuevos lenguajes que incorporen el elemento femenino.


P.:
¿Qué escritoras son las que más le interesan?

M.T.: Doris Lessing, Iris Murdoch, Virginia Woolf, Simone de Beauvoir son pilares básicos de la literatura, han incorporado los personajes femeninos a la gran literatura. Las mujeres dominamos el ámbito de la intimidad quizá porque llevamos siglos ocupándonos de lo cotidiano y porque nos da menos vergüenza hablar de los sentimientos.


P.:
Bueno, eso ya lo habían hecho Sófocles, Shakespeare, Ibsen, Flaubert, entre tantos otros
hombres...

M.T.: No me refiero a los grandes sentimientos, sino a lo doméstico. No creo en la literatura de género, en la literatura femenina frente a la masculina, hay quienes saben utilizar el lenguaje para crear arte y quienes no. A pesar de esto considero que, por ejemplo, a las mujeres que escriben les interesa menos la epopeya...


P.:
Siempre que no se considere al policial como una forma de la épica...

M.T.: Es cierto, es un caso especial y discutible, y, además, allí hay una lista de grandes escritoras de policiales. Pero yo sigo creyendo que todas nosotras tratamos más el ámbito de lo cotidiano...

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