14 de abril 2005 - 00:00
Lavandera fue óptimo iniciador de un ciclo
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Lavandera ofreció sutiles cambios estilísticos para cada una de las «B» abordadas. Comenzó con el «Capriccio sopra la lontananza del suo fratello dilettissimo» BWV 992, de Bach, que consta de seis pequeñas partes. El pianista utilizó un fraseo de tal rigurosidad que cada una de las instancias tuvo un acabado perfecto, de singular pulcritud. Aunque las piezas pertenecen al género descriptivo y expresan una honda angustia por la partida de los seres amados, Lavandera puso especial énfasis en no cargar las tintas y en cambio ofrecer una sobria expresividad.
Beethoven se oyó heroico e intenso. La libertad ejercida por el compositor para adaptar el formato sonata a su propia necesidad expresiva le otorga un enmarque que a Lavandera le sirvió para exponer con sinceridad su propio mundo interior hecho de garra, de vigor. Su unión con el discurso beethoveniano resultó una experiencia realmente fascinante y volvió a poner en un primer plano la solidez de este artista paradigmático de su generación.



