E n la década del '20, un boxeador demasiado arrogante se enfrenta al peor mafioso de Marsella al negarse a caer en el momento acordado de una pelea arreglada. Arruinada su vida y la de sus seres queridos, el protagonista no encuentra mejor salida que unirse a la Legión Extranjera. Una vez en Marruecos, descubre que el remedio es peor que la enfermedad: mala comida, disciplina brutal, camaradas violentos, marchas inhumanas por el desierto y un ejército de árabes implacables son algunas de las cosas que Van Damme debe enfrentar en «Legionario», una de sus películas más atípicas. Más que un film de acción, «Legionario» es una película de aventuras con personajes unidimensionales y toques melodramáticos que lo convierten en un producto raro (de hecho, ya nadie hace una película de aventuras en el desierto sin los chistes al estilo Indiana Jones). Mezcla de homenaje a «Beau Geste» e historieta de editorial Columba (como «El Tony» o «In- tervalo»), «Legionario» quizá sea limitado en muchos aspectos, pero tienen el beneficio de la candidez que, por ejemplo, se veía en ese cine desaparecido de acción, aventuras e intrigas que se hacía en Europa hace 30 años.
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El director Peter McDonald (talentoso cameraman que debutó como realizador en «Rambo 3») no pudo dotar del estilo adecuado a las escenas marsellesas, pero sí hizo un excelente trabajo en todas las escenas del desierto, con un dinámico montaje en las sólidas escenas de batallas. El elenco no demasiado parejo quizá sea un punto débil, pero el clásico de Edith Piaf «Mi legionario», que canta Ute Lemper redime cualquier defecto. Lo que no se entiende es el porqué del estreno en video en una sala de la calle Lavalle. Un estreno comercial, sin características de culto o valores extracinematográficos especiales, debería exhibirse en fílmico, y si los costos no cierran, que se edite en video sin soluciones híbridas como ésta.
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