5 de octubre 2000 - 00:00

"LISTA DE ESPERA"

Juan Carlos Tabío, que debutó en 1983 con la incisiva comedia «Se permuta», y diez años después se puso humildemente a las órdenes del maestro Tomás Gutiérrez Alea, ya enfermo de muerte, para ayudarlo a terminar «Fresa y chocolate» y «Guantanamera» (dos películas que causaron el debido fastidio público de Fidel Castro), ese Juan Carlos Tabío, de quien en algunos videoclubes también se pueden encontrar las igualmente incisivas «Plaff» y «El elefante y la bicicleta», decidió que lo suyo nunca será exactamente la comedia costumbrista sino «una suerte de costumbrismo reflexivo, trascendente».
Pero atención, que eso de trascendente no quiere decir solemne, y que lo reflexivo no obliga a perder el ritmo sino todo lo contrario. Aunque los personajes de su nueva película pasen prácticamente todo el tiempo detenidos en una vieja terminal de ómnibus, acá nada se detiene... cinematográficamente hablando, por supuesto, y socialmente.
Al describir las aflicciones de los cubanos cada vez que quieren viajar a algún lado de la isla, Tabío hace algo más que una comedia costumbrista de tono satírico. El parte del más sencillo costumbrismo, clava un dardo, clava otro, y otro más, de pronto parece disparatar en algo, o en mucho, pero resulta que junto a la sátira (y al romance, porque no puede haber historia sin un poquito de romance, y si es con adulterio, mejor), el hombre ha estado haciendo una comedia alegórica. Y, de ese modo, clava su mejor dardo, al mismo tiempo que coloca todo en su debido lugar, dándole a la historia un final lógico, y hasta tiene espacio para rendirles unos pequeños homenajes a Luis Buñuel, Vittorio Gassman y el finado Gutiérrez Alea.
En el cumplimiento de esta eficaz y simpática comedia, llena de buenos bocadillos a cargo de buenos comediantes (entre ellos el cada vez más gordo Jorge Perugorría, y el viejo Saturnino García), lo asisten el cuentista Arturo Arango, que escribió la historia fundamental, el dramaturgo de «Fresa y chocolate», Senel Paz, y, por supuesto, los dinerillos y vehículos del productor español Gerardo Herrero, siempre atento a los temas, tan actuales, de las migraciones y los sueños revertidos.

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