2 de octubre 2006 - 00:00

"Los desnudos en la danza no sirven, sólo distraen"

MauricioWainrot: «Enesta‘Tempestad’siempre estápresente elelementoacuático,reforzado porla música dePhilip Glass».
Mauricio Wainrot: «En esta ‘Tempestad’ siempre está presente el elemento acuático, reforzado por la música de Philip Glass».
El coreógrafo Mauricio Wainrot celebra sus 40 años de trayectoria en el mundo de la danza con el estreno de una versión libre de «La tempestad» de William Shakespeare, sobre música de Philip Glass, que el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín estrenará el 4 de octubre en la Sala Martín Coronado. En diálogo con este diario, Wainalgorot explicó que «Esta obra es un regalo que también me hago a mí mismo porque el 29 de septiembre cumplí 60 años y me siento muy identificado con el personaje de Próspero. El es un creador, un mago que crea una tempestad para juntar a todos sus enemigos y vengarse de ellos y sin embargo encuentra el perdón a través del amor. Se dice que es la última obra de Shakespeare y que a través de Próspero se describió a sí mismo. Sin pretender compararme con Shakespeare, yo creo que los artistas también somos magos porque somos capaces de crear algo de la nada, llámese 'La tempestad', 'El Mesías' o 'Un tranvía llamado deseo'.»

El director del Ballet Contemporáneo sigue manteniendo una intensa actividad como coreógrafo (hasta la fecha ha trabajado para 44 compañías). El año que viene estrenará en Canadá una versión de «Carmen», basada en el libro de Mérimée y la ópera de Bizet, que creó para el Royal Winnipeg Ballet. Por otro parte, será jurado en dos de los certámenes más importantes del mundo: el «Benois de la danse» («se hace en el teatro Bolshoi de Moscú») y la «New York International Ballet Competition», destinada a jóvenes promesas de la danza.

«Son premios muy destacados y me parece maravilloso poder disfrutar en esta época de la vida del reconocimiento de colegas que yo respeto mucho. En unos días me voy a Córdoba para seleccionar a los bailarines latinoamericanos que concursarán en el Prix de Lausanne», concluye el creador de «Las ocho estaciones».

Mañana se ofrecerá una función privada en carácter de preestreno mundial, organizada por la Fundación Amigos del Teatro San Martín con el fin de destinar lo recaudado a gastos de mantenimiento y gestión artística.

Periodista: ¿Qué elementos tomó de la obra de Shakespeare?

Mauricio Wainrot: La obra está contada a través de la mirada de Próspero, duque de Milán, que fue traicionado por su hermano y por el rey de Nápoles. Estos le quitan el poder y lo arrojan al mar junto a su hija Miranda. Yo dudé mucho en aludir con esto a la historia argentina reciente, pero creo que es que surge naturalmente. Luego de naufragar llegan a una isla desierta que en realidad está habitada por Calibán y su madre, la terrible bruja Sycorax. Próspero los domina y se dedica al estudio de las artes clásicas hasta que un día para vengarse de sus enemigos desencadena una tempestad. Al final los perdona y se redime a sí mismo a través del amor de su hija Miranda por el hijo de su enemigo y a la influencia de Ariel que funciona como un espíritu liberador. También hice visibles a Sycorax y a Susana, la esposa de Próspero, que eran mencionadas en la obra pero no aparecían en escena.

P.: Su síntesis es muy clara pero ¿cómo tradujo todo esto al lenguaje de la danza? ¿Confía en la elocuencia de las imágenes o cuenta con que el público habitué del San Martín conoce ya la obra?

M.W.: Las dos cosas. Hay gente que conoce la obra y la que no esté al tanto dispondrá de una sinopsis argumental en el programa de mano. Yo creé escenas e imágenes, y aunque no tengo la palabra confío en la expresividad de los intérpretes. Además, me encanta que el público haga su propia historia, como yo hice la mía. Hay escenas de carácter épico, con mucha gente y siempre está presente el elemento acuático, reforzado por la música de Philip Glass. Otras escenas como las que comparten Miranda y Calibán tienen mucha carga erótica.

P.: ¿Qué otros materiales relevó para este montaje?

M.W.: Navegué mucho en Internet y leí lo que dijeron varios autores sobre Shakespeare y sobre las figuras de Próspero y de Calibán. También ví varias películas, entre ellas «Prospero's books» de Peter Greenaway, que siempre me resulta agobiante, y la versión modernizada que hizo Paul Mazursky en los '80 con John Cassavetes y Gena Rowlands. El es un arquitectoque se va a una isla griega, a él lo traiciona su mujer, no su hermano. La película no me resultó tan buena como hace 25 años. En aquella época me encantaba Mazursky, sobre todo «Una mujer descasada», con Jill Clayburgh y Alan Bates.

P.:
En la película de Greenaway hay muchos desnudos incluido el de Calibán ¿Evaluó esa posibilidad?

M.W.: Sí, pero la descarté enseguida. Acá hay muchos coreógrafos jóvenes a los que les encanta desnudar bailarines, pero cada vez que hay un desnudo la historia desaparece. Una teta más o una teta menos no cambia nada. Los desnudos en danza son absolutamentegratuitos, siempre, a menos que se usen dramáticamente porque la situación así lo exige. Por ejemplo si hay una violación o una escena de amor. No lo digo de puritano, a mí me encanta ver chicas y chicos desnudos pero dentro de un contexto.

P.: ¿Y en su época de bailarín, hizo algún desnudo?

M.W.: Sí bailé desnudo todas las noches durante cuatro meses; fue en un espectáculo de Oscar Aráiz. A mí encantaba y me sentía comodísimo pero siempre tenía una lista de gente esperándome a la salida para pedirme un autógrafo.

Entrevista de Patricia Espinosa

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