16 de abril 2004 - 00:00

Los dibujos animados no sólo dejan millones en los EE.UU.

El burro de Sancho Panza opina sobre Don Quijote, el mago Merlín se pelea con Papá Noel, y los japoneses compran un dibujo español de samurais. Esto ocurre en el mundo de los dibujos animados, pero mueve millones en el mundo real, según cuentan Paulette Smets-Melloul, de Belvision, y Xosé Manuel Barreira, de Filmax Animation, ambos en Buenos Aires, donde acaban de dar un seminario sobre la especialidad, dentro del VI Al-Invest, que hoy termina. Charlamos con cada uno de ellos.

Periodista:
¿Belvision no hace más largometrajes?

Paulette Smets Melloul: Hicimos unos cuantos, que todavía se ven, pero después vino la mano de obra asiática, y debimos encarar otros campos. Ahora coproducimos series con otros países, hacemos publicidades, y también pilotos de nuevos personajes surgidos del comic. Seguimos en carrera, siempre dentro de la línea tradicional.


P.:
¿Cuál es esa línea?

P.S.M.: Usted sabe, Belvision es una de las más viejas compañías europeas de animación, surgida en 1955 para llevar al cine las historietas de la editorial Dargaud y Lombard. Hicimos dos largos de Tin Tin (y antes, la serie de 104 capítulos, en coproducción con los americanos), dos de Asterix, uno de Lucky Lucke, uno de Los Pitufos... El resto lo hacen otras empresas, a veces de otros países, pero siempre bajo nuestra supervisión, incluyendo la serie americana de Los Pitufos.

P.: En algún momento, la izquierda norteamericana acusó de fascistas a Tin Tin y a Los Pitufos...

P.S.M.: ¿Ah, sí? En Bélgica nunca escuché hablar de eso. Cuanto mucho, por ahí se dijo que Hergé, el padre de Tin Tin, había sido colaboracionista, pero lo único concreto que le reprochaban era haber seguido dibujando en el diario bajo la ocupación nazi. Hubo rumores, pero recientes investigaciones históricas concluyeron que Hergé nunca fue colaboracionista.


P.:
Después acusaron de fumador a Lucky Luke.

P.S.M.: Pero ahí nos pareció bien, sacarle el cigarrillo de la boca. «It's good». Incluso al dibujante le pareció muy bien, tanto que hasta él mismo dejó de fumar. ¿Sabe cómo se llama? Qué ironía. ¡Morris, como Phillip Morris! Ahora le cuento lo último que hicimos. Se trata de un especial navideño: «Merlin contra Papá Noel».


Surgida hace recién cuatro años como derivado de Filmax (productora y distribuidora de cintas de acción y fantasía), Filmax Animation.

P.: Barreira, se impone empezar por «El Cid», el gran golpe de Filmax.

Xosé Manuel Barreira: Al principio solo pretendíamos hacer series, pero vimos el negocio de los largos, y nos lanzamos. Primero hubo que convencer al resto de la empresa sobre el valor de la apuesta. Segundo, convencer a los mercados, aunque ya supieran que con nuestra experienciay renombre lo que hiciéramos iba a estar hecho con seriedad y verdad. Trabajamos fuerte en el diseño de los personajes, hicimos un buen teaser, y logramos preventas en 34 países. Entonces empezamos la producción.


P.:
Recién después de las preventas.

X.M.B.: Es lo que corresponde, sobre todo porque íbamos a estar en esto más de dos años, requiriendo un presupuesto superior a los nueve millones de euros, algo que en España es mucho dinero (el promedio de una película es de cinco, aunque ahora ha subido un poco).


P.:
De público, ustedes no se pueden quejar.

X.M.B.: Creo que la gente va a ver una nacional cuando ésta le ofrece lo mismo que una yanqui, y así la presentamos,en competencia navideñacon «Buscando a Nemo», «Looney Tunes 2», y otro dibujo español, «Los tres reyes magos».Y «El Cid» resultó la película de animación española más taquillera de la historia.


P.:
¿Le ganaron a « Buscando a Nemo»?

X.M.B.: Ya nos gustaría. Pero no me extrañaría que pronto nos acerquemos. La próxima es «Pinocchio 3000», una versión futurista, en coproducción con Canadá y Francia. Pero después viene «Donkey.xote», versión libre de las aventuras de Don Quijote contadas por el burro. Y luego haremos «Gisaku», una de samurais para vender en Japón.


Entrevista de Paraná Sendrós

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