L a cuarta entrega de los Premios Gardel a la producción discográfica -grabada el martes por la noche en el teatro Sky Opera y transmitida en diferido por Canal 13- fue la que menos controversias ha generado, y en ese sentido puede considerarse un paso delante de la industria musical en nuestro país. León Gieco, Alfredo Casero y Diego Torres fueron los ganadores de la noche.
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Por su disco «Bandidos Rurales», el santafesino se alzó con las estatuillas en el rubro «artista masculino de rock», aunque su disco está mucho más cerca del folklore, «video clip» y «diseño de portada». Por «Casaerius», el cantante-actor se llevó los Gardel a la «mejor canción del año» («Shimauta» del japonés Miyasawa Kazufumi), «artista revelación», aunque optó por no aceptar ese premio puesto que ya tiene tres discos grabados y editados anteriormente, en el que fue uno de los mayores desplantes además de la ausencia de los también premiados como conjunto de folklore Los Nocheros-, y «realizador del año», por el trabajo que hizo para su disco Juan Blas Caballero.
Y Torres, por «Un mundo diferente», ganó los premios de «artista masculino pop» y «mejor álbum del año». Hubo otros premios incuestionables: Mimí Maura por «Raíces de pasión», «artista femenina de Charly García agradeció con escueto «chau» su Gardel de Oro. Los premios fueron los menos discutidos de toda su breve historia. Sólo las integrantes de Bandana se fueron enojadas.
rock», aunque hubiera sido más lógico incluirlos como grupo y en otro género musical; Baglietto-Vitale por «Qué más hacer en esta tierra incendiada...», «artista/grupo adulto contemporáneo, un rubro sin dudas extraño en su denominación; AdrianaVarela por «Más tango», «artista femenina de tango»; Pipo Pescador por «El auto de papá», «mejor álbum infantil», destronando a «Chiquititas» que tenían dos discos nominados; El Chaqueño Palavecino por «La ley y la trampa», «artista masculino de folklore», y Guillermo Fernández, por su álbum homónimo, «artista masculino de tango».
Nadie cuestionó el premio a la trayectoria a Los Chalchaleros y el Gardel de Oro a Charly García, que omitió todo discurso y apenas saludó con un «chau» cortante. Igualmente, la entrega dejó algunas perlitas. Por ejemplo, la pobreza del rubro «artista pop femenina» cuya terna compartían Marcela Morelo, Daniela Herrero y Laura Miller (finalmente, Morelo se llevó la estatuilla); la reiteración de los premios para Carlos «la Mona» Jiménez, Gladys la Bomba Tucumana y Ráfaga en las distintas categorías de música tropical: evidentemente, los jurados desconocen este rubro y siempre votan por los más famosos; los premios para dos discos mediocres como «Buenos muchachos» de La Mosca y «Angelitos culones» de Memphis la Blusera, como grupos pop y de rock respectivamente; o el triunfo de Soledad por sobre Teresa Parodi, a quien dedicó su premio.
Las grandes derrotadas fueron, sin duda, las chicas de Bandana. Con muchos discos vendidos y una convocatoria impresionante para sus recitales en vivo, esperaban seguramente llevarse alguno de los varios premios para los que estaban ternadas, pero se quedaron con las manos vacías. Ofendidas, con expresiones como «nos vamos porque esto es todo una basura» abandonaron la sala de teatro mucho antes del final; inclusive antes de que se conociera el resultado del último premio para el que estaban nominadas.
El papelón de la noche lo protagonizó CAPIF frente a Ariel Ramírez, integrante además del Jurado de Honor en su carácter de presidente de SADAIC. El pianista llegó puntualmente a las 19 para participar de la grabación del programa que se emitiría a las 23 en diferido; pero cerca de las 21 -con la grabación todavía en veremos- decidió irse porque tenía otro compromiso que había asumido pensando que los horarios se respetarían. No fue una buena noche para Ramírez, puesto que al ingresar, en medio de la nube de fotógrafos y noteros, pasó inadvertido para todos pese a su enorme humanidad, por la llegada simultánea de Soledad que acaparó toda la atención. Roberto Pettinato fue el elegido para la conducción y cumplió con solvencia y simpatía; inclusive manejó muy bien el hecho de que Casero rechazara su premio como artista revelación o un desperfecto con un micrófono.
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