26 de agosto 2003 - 00:00

Los Macocos: 20 años deshaciendo el teatro

Los Macocos: 20 años deshaciendo el teatro
El año que viene el grupo Los Macocos cumplirá veinte años de trayectoria. Todo un récord, tratándose de una compañía que trabajó durante mucho tiempo en el circuito off. Pero a medida que el grupo fue haciéndose cada vez más conocido, sus sketches humorísticos también fueron evolucionando hacia estructuras más complejas y de una dramaturgia más sólida, tal como lo han demostrado en sus espectáculos «La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi», «Androcles y el león», «Los Albornoz. Delicias de una familia argentina» y «La fábula de la princesa Turandot». Todos ellos fueron estrenados en espacios tan prestigiosos como el Teatro San Martín y el Argentino de la Plata, entre otros.

Dialogamos con Javier Rama (director del grupo desde 1990), en ocasión del estreno de «Continente viril», obra del joven dramaturgo Alejandro Acovino que puede verse en la sala Foro Gandhi (Corrientes 1743) los jueves a las 20.30, viernes y sábados a las 21.30 y domingos a las 20. La escenografía y vestuario es de Marta Albertinazzi y el diseño de iluminación de Eli Sirlin.

La acción de «Continente viril» (Premio Germán Rozenmacher 2001) transcurre en la Antártida, donde a duras penas sobrevive un pequeño destacamento militar. Allí pasan sus días un coronel a punto de jubilarse (Marcelo Xicarts), un sargento correntino (Daniel Casablanca) y un empleado administrativo (Gabriel Wolf), cuya calma se ve perturbada por la llegada de un científico con delirios de poeta (Martín Salazar).

Periodista
: ¿La obra fue escrita especialmente para Los Macocos?

Javier Rama: No, pero a nosotros nos parece lo mismo. Igual la adaptamos un poco a nuestro lenguaje «macocal», reforzando algunos gags y suprimiendo varios monólogos que retardaban la acción. Es una comedia histórica siniestra, así como «Los Albornoz» era una comedia negra de costumbres.


P.
: ¿Cómo definiría a sus protagonistas?

J.R.: Es como si estuvieran anclados en el tiempo, y de alguna manera reflejan ese lugardel imaginario argentino que también quedó anclado en el tiempo y que nos condena a padecer cíclicamente los mismos males. Al científico lo mandan a investigar por qué se están suicidando los pingüinos del lado argentino y él, con su lógica de hombre de ciencia, descubre en el continente blanco otras cosas más graves y oscuras. Se encuentra con esos seres casi fantasmales que reproducen y evocan los acontecimientos vividos en el país durante la década del '70.


P.:
¿Es posible hacer humor con esos temas?

J.R.: Siempre es un desafío hacer humor con temas tan duros o polémicos como Malvinas, el Mundial del '78 y otros episodios que están en la memoria de todos. Pero no se trata de una obra realista, tiene mucho delirio. Yo diría que pertenece al hiperrealismo «macocal».


P.:
También es una viaje en el tiempo, con permanentes referencias a la música, las golosinas y las series de TV que se consumían en aquella época.

J.R.: Sí, todo eso hace que el material resulte menos negro. Para dar un ejemplo, una de las escenas de violencia de la obra tiene como música de fondo la canción de Raffaela Carrá «Hay que venir al sur».


P.:
¿Qué espectáculo cree usted que marcó la madurez del grupo Los Macocos?

J.R.: «Los Marrapodi», sin duda, ése fue nuestro punto de inflexión. A partir de ahí empezamos a complejizar más nuestros espectáculos y a tener en cuenta ciertas reglas teatrales a las que en una época fuimos bastante reactivos.

Trabajar junto a Jorge Maronna ( integrante de Les Luthiers) fue un buen aprendizaje. Durante años, el slogan del grupo fue «Los Macocos no hacen teatro, lo deshacen». Era una forma de decir «no» a un teatro canónico y ligado al realismo. El grupo quería romper con la cuarta pared y con cualquier convención teatral.

P.:
¿Por simple transgresión?

J.R.: Era como una reacción contra lo aprendido en el conservatorio, en una época en la que habían hecho eclosión las técnicas de clown. Y el público también lo vivía así, por ahí se escuchaba a la gente joven decir: «Yo no voy a ver teatro, voy a ver a Los Macocos». Eso nos pasó en la primera época, cuando actuábamos en circuitos más chicos y la gente venía a ver el mismo espectáculo muchísimas veces. Después nuestras obras comenzaron a tener otra complejidad y un alcance más amplio. Pero ocurre que aquellos adolescentes que venían a ver nuestros espectáculos ahora tienen treinta y pico de años y vienen acompañados por sus hijos. Nos resulta increíble estar incorporando una nueva generación de espectadores. Pero bueno, esto tenía que pasar, ya son veinte años.


Entrevista de Patricia Espinosa

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