20 de agosto 2003 - 00:00

"Los mejores escritores hispanos son de EE.UU."

"Sólo ahora está emergiendo la literatura de autores latinos en Nueva York después de 50 años de gestación, y ya está produciendo asombrosas obras en las diferentes disciplinas literarias. En el futuro que se avizora cercano, de esta fértil matriz han de nacer algunos de los mejores autores hispanoamericanos", señaló en el reciente «Primer Encuentro de Escritores Iberoamericanos, Cruce de Fronteras: la literatura latina en Estados Unidos», que se realizó en el Hostos Community College, el escritor colombiano Eduardo Marceles.

Cuando en 1989 el Ollantay Center for the Arts encargó una encuesta, se detectaron unos 160 autores de narrativa, poesía y teatro en el área metropolitana de Nueva York. Hoy la cifra ha crecido. Y el censo que hace dos años mostró como primera minoría a los latinos, ha ido incrementando el interés de las editoriales por los escritores nacidos en América Latina o descendientes de latinoamericanos. Esto ha hecho que las grandes editoriales españolas (Planeta, Alfaguara, por caso) hicieran crecer su bases en los Estados Unidos. Cuando hace pocos años irrumpieron autoras chicanas (Sandra Cisneros, Denise Alvárez, Ana Castillo) las tomaron las grandes editoriales y realizan tiradas que alcanzaron cifras insospechadas hasta entonces para latinos, y hoy llegan a ser reconocidas entre «las voces más vanguardistas de la literatura norteamericana».

A pesar de ese prestigioso grupo chicano, Marceles ha sostenido que «los escritores hispanos en Estados Unidos no se constituyen en un movimiento literario (más allá de lo que en su momento plantearan el boliviano Edmundo Paz Soldán y el chileno Alberto Fuguet en el libro «Se habla español. Voces latinas en USA»), no se integran en una generación específica ni en un grupo definido por intereses comunes o propósitos estéticos». No son ni siquiera parecidos, señala el autor de «Los recursos de la imaginación», quienes viven el exilio de Cuba, «la mayoría exiliados políticos que dejaron su isla después de la revolución socialista del '59", los que forman parte de los ya más de 50 años de tradición literaria portorriqueña en Nueva York, los dominicanos, «los colombianos que huyen de la guerra civil que azota su país, o los argentinos que escaparon del corralito» que se reúnen en Brooklyn.

•Cambio de temas

Los temas -que en un comienzo fueron el desarraigo, el relato autorreferencial, los recuerdos de infancia, los amores perdidos, los sucesos históricos que se han vivido con sufrimiento-se han ido transformando, dejando de lado los aspectos políticos y sociológicos, para interesarse cada vez más por la experimentación y la narración pura.

Si en el pasado el primero que escribió sus obras en Manhattan fue José Martí, hoy a quien se considera el patriarca de los escritores latinoámericanos en Nueva York es el cubano-norteamericano José Yglesias, que en sus novelas realiza la apología del mestizaje («no perdemos a Bolivar ni a Martí ni a San Martín, sino que ganamos a Jefferson y Lincoln») pero su renombre ha sido superado por el de Reynaldo Arenas, sobre todo luego de la película «Antes que anochezca», basada en la novela del mismo título. El más reciente es Fernando Velázquez Medina, que se destacó el año pasado con «Ultima rumba en la Habana» donde muestra la pauperización de la Cuba de Castro a través de «una joven universitaria que se vuelve jinetera, eufemismo con el que se evade en la isla la palabra prostituta, para dejar que la cultura atenúe la humillante condición de la más degradante de las profesiones».

Entre los autores de mayor prestigio se encuentran el colombiano Jaime Manrique («Latin Moon en Manhattan» y «Colombian Gold»), el peruano Isaac Goldemberg («El nombre del padre»), los dominicanos Julia Alvarez («En el tiempo de las mariposas» y «¡Yo!») y Junot Díaz («Negocios»), el ecuatoriano Ernesto Quiñónez («El vendedor de sueños»), el hondureño Roberto Quesada («Nunca entres en Miami»). Aún falta que aparezca algún argentino, o, tal vez, un chileno como lo fuera Roberto Bolaño que pasó por Estados Unidos, pero decidió residir en Europa; aunque Marceles preferiría tener a un colombiano como Gabriel García Márquez escribiendo «El otoño del patriarca» en Barcelona, un argentino como Julio Cortázar escribiendo «Rayuela» en París o un cubano como Guillermo Cabrera Infante escribiendo «Mea Cuba» en Londres.

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