La crisis en el teatro llegó a un desenlace el pasado viernes por la tarde cuando el presidente del Instituto Nacional de Teatro (INT), José María Paolantonio, renunció a su cargo. Lo mismo hizo la vicepresidenta Griselda «Myriam» Strat. Ambos funcionarios, envueltos en una oleada de acusaciones de la comunidad teatral tras la publicación en el Boletín Oficial del decreto de autarquía del INT, dimitieron ante el atribulado Secretario de Cultura Rubén Stella, que anhela como pocas otras cosas llegar al día de las elecciones sin frentes de tormenta.
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El Consejo de Dirección del INT, que reúne a los principales referentes teatrales del interior del país, celebró como un triunfo estas renuncias. Hoy a la tarde se reunirán con el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasoff, para pedirle la derogación de los decretos de necesidad y urgencia 815/ 2003 y 817/2003, que modificaban la estructura del INT. Los teatristas, desde que estalló el conflicto, habían sostenido que los nuevos decretos centralizaban todo el poder de decisión y manejo de fondos en la presidencia del INT, mientras ellos quedaban al margen de las decisiones más importantes.
El Consejo también presentará hoy el proyecto de ley que elevará ante la Comisión de Cultura de Diputados (presidida por el radical Hugo Storero, también opositor a estos decretos desde el primer momento), en el que entre otras cosas piden la exclusión del INT del Presupuesto de Gastos y Recursos de la Administración Nacional, y que la totalidad de la recaudado por el teatro sea depositado en la cuenta recaudadora especial del INT, «con afectación específica a dar cumplimiento a lo normado por la ley 24.800».
Tras estallar el conflicto, se produjo una reunión en la Secretaría de Cultura entre varios miembros del Consejo (Rafael Bruza, Oscar Németh, Héctor Tealdi, Alejo Sosa, Pablo Bontá y Miguel Angel Palma) y Stella, en la cual éste intentó un diálogo amigable pero a partir de la aceptación de los términos de los decretos. Pocas horas después, y ante la negativa unánime de los teatristas, se produjeron las renuncias. Difícil alternativa para Stella a partir de ahora: echarse encima a toda la comunidad teatral, o ver debilitado su poder en caso de que se deroguen esos decretos. Que, por otra parte, están basados en los mismos principios que dieron lugar a la autarquía en el cine.
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