Roma (AFP, EFE y ASN) - Murió ayer en Roma, a los 78 años, el compositor y director de orquesta Luciano Berio, una de las figuras mundiales de la música de vanguardia y uno de los compositores más innovadores del siglo XX. Nacido en Oneglia el 24 de octubre de 1925, Berio estudió con su padre, organista, antes de entrar en la escuela de música de Milán. En 1950 se casó con la soprano estadounidense Cathy Berberian, quien interpretó muchas de sus obras y entre ambos produjeron discos célebres.
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En 1951 se trasladó a los EE.UU. para estudiar con Luigi Dallapiccola. Cuando regresó a Italia fue cofundador, en 1954, del centro de música electrónica Studio di Fonologia Musicale de Milán, que dirigió entre 1954 y 1959. De 1965 a 1972 fue profesor en la Academia Juilliard de Nueva York y entre los años 1976 y 1979 trabajó en el IRCAM (instituto de creación e investigación contemporánea) de París. En 1988 fundó el estudio de música electrónica Tempo Reale en Florencia.
En 1958 Berio comenzó a componer una serie de obras para instrumentos solistas bajo el título de Sequenza, obra decisiva en la implantación de un nuevo repertorio dotado de técnicas experimentales. En 1969 compuso Sinfonía, que ponía de manifiesto otro de sus intereses musicales: componer una obra que funcionara sobre varios niveles psicológicos al mismo tiempo. A lo largo de su carrera utilizó o se inspiró en textos de William Shakespeare, James Joyce y Pablo Neruda, así como de los italianos Umberto Eco e Italo Calvino.
Entre sus composiciones más importantes figuran «Nones for Orchestra» (1954); «Serenade I» (1957), «Sequenza I» (1958), «Allez» (1959), «Circles» (1960), «Visage» (1961), «Passagio» (1962), «Laberintos II» (1965), «O King» (1968), «This Means That...» (1970), «La Ritirata Notturna di Madrid» (1975), «Corale» (1981), «Requies» y «Un re in ascolto» (1983), «Voció (1984), «Ofanim» (1988) -con fragmentos del Antiguo Testamento y el Cantar de los Cantares-, «Canticum Novissimi Testamenti I and II» (1989-90) y «Rendering» (1990).
En 1996 recibió el premio japonés Praemium Imperial, considerado el Nobel de las artes. Desde el año 2000 dirigía la Academia de Santa Cecilia, la más prestigiosa entidad musical de Roma. Uno de sus últimos trabajos fue un nuevo final para «Turandot», de Giacomo Puccini, ópera que el compositor de Lucca había dejado inconclusa y que tradicionalmente se representa con el final compuesto por Franco Alfano. Hace dos años anunció en Madrid que quería escribir la ópera de despedida de Plácido Domingo, inspirada en su amor por la escena.