19 de septiembre 2001 - 00:00

Madres terribles en cine: la vuelta de Ellen Burstyn

Ellen Burstyn.
Ellen Burstyn.
Mañana, por esos azares de la distribución cinematográfica, llegarán a cartel dos largometrajes perturbadores, de similar intensidad, y cuyo eje dramático es la malsana relación de una madre con su única hija, en un caso («La profesora de piano», de Michael Haneke), y con su único hijo, en el otro («Requiem para un sueño», de Darren Aronofsky). Protagonista del último de los films es la gran actriz norteamericana Ellen Burstyn, quien pese a sus varios y diversos papeles para el cine en una sobresaltada carrera de más de 30 años, todavía sigue siendo recordada por la madre de la posesa Regan en «El exorcista» (1973).

«Requiem para un sueño» es la segunda película de Aronofsky, joven director norteamericano que logró atención del público y la prensa gracias a su primer largometraje, «Pi», al que llamó un «thriller matemático». «No sé por qué, pero hay como una tradición en mí de actuar en las segundas películas de muchos directores», dijo Burstyn en un encuentro internacional con la prensa al presentarse el film en los Estados Unidos. «La última película», de Peter Bogdanovich, era su segundo largometraje; lo mismo «Castillos de arena», de Bob Rafelson, y «Alicia ya no vive aquí», de Martin Scorsese. Me gusta trabajar con directores jóvenes porque se arriesgan más, tienen menos temores. En cambio, con directores que ya se han habituado a la profesión, las cosas se vuelven más previsibles porque evitan casi todo lo que les pueda complicar el rodaje».

«Requiem para un sueño» narra algunos episodios en la vida de Sarah, una cincuentona judía, sin marido (no se sabe si es viuda o ha sido abandonada), que sólo encuentra alegría y escape en los programas de juegos de la televisión. Su hijo Harry (Jared Leto) trafica y consume droga, y hasta llega a envolver a su novia ( Jennifer Connelly) en la prostitución para obtenerla.

«Yo había visto 'Pi'», continúa Burstyn, «de modo que no dudé en aceptar la propuesta para hacer la segunda película de Aronofksy. Aunque el papel de Sarah es muy difícil. Primero estaba el desafío físico, porque el personaje sufre enormes transformaciones, desde adelgazar 22 kilos a lo largo del film hasta pasar de una mediana samuy activos, llenos de energía. Alguien dijo que por aquellos años muy poca gente en los EE.UU. necesitaba tomar LSD para sentirse alterada. Bastaba con salir a la calle.»

La actriz continúa: «Teníamos la sensación de que lo que hacíamos contribuía a la cultura, a la política. De modo que no era la edad de oro del cine, sino que el cine sólo se limitaba a reflejar lo que ocurría en la sociedad. En este momento siento que hay como un retorno a algo de esa época. Por ejemplo, la creación del Sundance Institute, de Robert Redford, fue un hecho fundamental, porque hizo posible un espacio único para los jóvenes cineastas. Fue después de los '70 cuando las corporaciones se hicieron cargo del cine y atrofiaron su crecimiento como arte en los Estados Unidos, no completamente, por supuesto, pero sí en gran escala. Por eso, el Sundance de Redford y algunas otras escuelas están posibilitando que surjan películas como 'Réquiem por un sueño'».

Su primer trabajo fue el de moza de bar y más tarde de modelo. El primero le serviría mucho para su personaje de «Alicia ya no vive aquí». Sobre sus inicios, Burstyn recuerda: «La primera vez que me di una prueba de actuación fue casi como un juego. Cuando empecé a trabajar, después de la escuela de danzas, actué en night-clubs, después fui modelo durante varios años. Tenía 23 cuando me dije que quería ser actriz. Esa inocencia seguramente jugó a mi favor, porque no estaba ansiosa ni nerviosa.

Fue como un juego entrar en Broadway. Increíblemente, me dieron una obra llamada 'Juego limpio', donde debía interpretar a una modelo que llegaba a Nueva York desde el interior. Exactamente mi caso. Y, sin saber ni quién era Lee Strasberg, advertí mucho después que yo había aplicado el 'método'. Mucho después fui a Los Angeles, pero no porque quisiera entrar en el cine sino porque mi esposo me arrastró hasta allí», se ríe.

Strasberg

Pero más tarde, el papel de Strasberg sería decisivo para ella: «Trabajé en televisión, obtuve papeles menores en algunas películas, hasta que me dieron un papel coprotagonista en una película llamada 'Goodbye Charlie', con Debbie Reynolds, Walter Matthau y Tony Curtis. Me acuerdo de estar sentada en el set, observar a mi alrededor, ver a Vincente Minnelli que era el director, y decirme a mí misma: 'Bueno. Ya está. Lo has logrado'. Sin embargo, había una voz dentro de mí que me impedía seguir adelante en esas condiciones. Ya no tenía la misma espontaneidad de antes, quería estar más segura de mí misma. De modo que hice las valijas, me volví a Nueva York, y me anoté en el Actor's Studio. No sé cuánta gente ha estado ante un gran maestro como fue mi caso ante Lee Strasberg. Es una de las cosas más profundas que pueden ocurrirle a una persona. Los grandes maestros no transmiten su arte, modelan tu persona a través del arte».

En cualquier conversación con
Ellen Burstyn, ella está resignada, no puede evitarse tocar el tema de «El exorcista». Sobre ese punto, señala: «Nos tomó nueve meses filmarla. Nunca trabajé tanto para una película. Seis días a la semana de doce horas durante nueve meses. Muy agotador, y algo muy difícil emotivamente. Recuerdo estar sentada contra la pared en algunos descansos del rodaje, con los auriculares puestos y escuchando cierto tipo de música para que el estado de ánimo fuera siempre parejo. Era muy importante para aparecer después ante la cámara con una expresión uniforme.

Lo que nunca pude imaginar cuando la hice fue que ésa sería la película por la que yo iba a ser recor-dada. Me alegró mucho que la relanzaran ahora, pero, en cuanto a la nueva edición, no sé, hay algunas cosas que funcionan aunque no tiene sentido haber agregado la larga escena con el médico».

Sus modelos dramáticos son bastante contradictorios: «La actriz a la que más admiraba cuando empecé mi carrera era
Vanessa Redgrave. Es un mila-gro de actriz. Pero antes todavía, a quien más quería parecerme era a Betty Grable. No es una broma, me encantaba la idea de vestir plumas y derrochar glamour. En fin, no es exactamente como luzco en 'Requiem'. Otro de mis sueños fue interpretar a Juana de Arco, un persona-je maravilloso. Ahora pienso: a lo mejor el personaje de la madre de Juana de Arco no sería algo desdeñable».

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