20 de noviembre 2000 - 00:00

Manu Chao: lo mejor, su hipnótico ritmo

(21-11-00) E s interesante el fenómeno del francés Manu Chao. Llegó por primera vez a Buenos Aires hace ocho años como parte de una delegación cultural integrando el grupo Mano Negra. Después de un único concierto en nuestro país, dejó una impresión tan fuerte que muchas bandas argentinas reconocen evidentes influencias de aquella ya desaparecida formación francesa. Lo curioso de Mano Negra, y ahora de Manu Chao como solista, es que, siendo europeos, abordan géneros latinoamericanos -el reggae y el ska, fundamentalmente-, cantan en portugués y español, entre otros idiomas, y plantean un producto estético sostenido más en las emociones que en el intelecto. Pero Manu Chao va más allá. Visita, por caso, las favelas de Brasil, o barrios muy pobres de Mendoza o Rosario en una visita anterior, se hospeda alternativamente en hoteles muy humildes o cinco estrellas, y adhiere a causas como la de los presos de La Tablada o las Madres de Plaza de Mayo (representantes de ambos movimientos subieron al escenario de Obras en el concierto que comentamos).

Solidez

Musicalmente, puede decirse que es sólido. Sostiene con comodidad las dos horas y pico de recital sin aflojar la tensión ni el baile en ningún momento, ni siquiera cuando propone algunos pequeños «breaks» en su show. Y tiene una banda numerosa -con mucha percusión y bronces además de la típica base popque responde a esa locomotora de reggae y ska que apabulla por su potencia. Su larga lista de temas incluye varios de su último disco «Clandestino» y también piezas de la época de Mano Negra («Monkey» o «King Kong 5», por ejemplo). Pero varias de esas canciones se van repitiendo a lo largo del recital, como pequeños fragmentos a veces, como momentos más extensos en otros; en francés, en inglés, en español, en portugués. Es como si importaran poco los títulos e, incluso, lo que dicen las letras, aunque allí también hay elementos para detenerse; el punto está, al menos en el vivo, en el placer que propone una música hipnótica que no da tregua. Pero todos estos méritos, sin embargo, no redondean la idea de genio contemporáneo, como pretenden algunos críticos que inflaron a Manu Chao casi hasta el lugar de mito viviente que ha cambiado la historia de la música.

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