«Festival Martha Argerich». Actuación de Mercedes Sosa (canto), Martha Argerich ( piano), Camerata Bariloche, Eduardo Falú (guitarra, canto) y Nicolás Brizuela ( guitarra). (Teatro Colón, 7 de setiembre).
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Se sabía, aún antes de que sonara la primera nota, que la ceremonia le ganaría a la música. Y así sucedió el domingo en un Teatro Colón colmado hasta los pasillos para ver a Martha Argerich acompañando por primera vez a una cantante popular, nada menos que a Mercedes Sosa. No casualmente, entonces, la mayor ovación sucedió cuando ambas se abrazaron en el final, superando lo que había ocurrido durante el concierto, después de cada obra. El triunfo fue del símbolo, la reunión de dos artistas emblemáticas del país, pero en artes de difícil cruce. La primera parte de este recital, inserto en el marco del «Festival Martha Argerich», fue para la Camerata Bariloche. La apertura llegó con una ajustada versión del «Concerto per corde, Op. 33» de Alberto Ginastera, una obra de factura moderna que el público, que seguramente había ido a escuchar otras cosas, aceptó con aburrido respeto. Luego llegó la «Suite Argentina para guitarra, cuerdas, corno y clave», compuesta e interpretada por Eduardo Falú y orquestada por Oscar Cardozo Ocampo, una obra que está lejos de la mejor producción del guitarrista salteño.
El público tuvo su revancha en el cierre de esa primera parte con la «Tonada de un viejo amor», también de Falú con poesía de Jaime Dávalos, con la que el veterano guitarrista mostró su mejor vena y entregó el que fue, seguramente, el mejor momento musical de la tarde.
Después del intervalo llegó el momento esperado. Subió al escenario Mercedes Sosa, ovacionada largamente. Hizo un par de títulos con su guitarrista Colacho Brizuela -«Zamba de Argamonte» y «Guitarra, dímelo tú»-, otros cuatro acompañada por la Camerata Bariloche -«La tempranera», «Como pájaros en el aire», «El alazán» y «Doña Ubensa»- con orquestaciones prolijas, más cercanas a la composición que al arreglo, del director del Colón Gabriel Senanes, y finalmente otros tres -«Allá lejos y hace tiempo», «Canción del árbol del olvido» y «Las cartas de Guadalupe»- con Martha Argerich al piano.
A la hora de los bises se sumaron pianista y Camerata para respaldar a la cantante en «El alazán» y «Alfonsina y el mar». Pero no se oyó ni a la mejor Mercedes Sosa, esa que puede poner de pie y enloquecer a miles de personas en un estadio, ni a la mejor Martha Argerich, la misma que cautiva al público en este mismo festival con su repertorio natural. Pero, por supuesto, nadie se sintió defraudado. El símbolo y la ceremonia del encuentro se cumplieron. No debía esperarse mucho más.
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