Aunque algo más hablada de lo necesario, la remake de
«Masacre en la cárcel 13» rinde homenaje al original sin
ser una copia, y tiene entre sus hallazgos un notable equilibrio
entre la violencia y el suspenso.
«Masacre en la cárcel 13» («Assault on Precinct 13», EE.UU., 2005, habl. en inglés). Dir.: J.F. Richet. Int.: E. Hawke, L. Fishburne, B. Dennehy, G. Byrne, J. Leguizamo, D. de Matteo.
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Cuando la original «Asalto al Precinto 13» de John Carpenter se estrenó en la Argentina de un cuarto de siglo atrás, tuvo pésimas críticas y terminó alimentando los últimos bastiones de dobles programas de barrio. Los que la vieron en esas condiciones, no pueden concebir una remake clase A de semejante hito del cine de bajo presupuesto.
Sin embargo aquí está la muestra de que todo es posible en el Hollywood del siglo XXI, incluyendo la exportación de un director francés para que le dé el tono adecuado a esta reelaboración de tercera mano de «Río Bravo» de Howard Hawks. Justamente fueron los franceses los que desarrollaron la teoría del cine de autor que permitía tomarse en serio a Hawks y a John Wayne, mientras que fue la generación de Carpenter la que desde EE.UU. llevó esa teoría a la práctica en homenajes como su pequeña obra maestra pre «Noche de Brujas», rara mezcla de film policial inspirado en un western pero con tonos de cine de terror.
Esta remake explica más las cosas de lo que era necesario, pero al mismo tiempo logra sorprender al espectador a cada minuto con estallidos de violencia que no son nada esperables en una gran producción de nuestros tiempos. Y lo hace con un elenco sin desperdicios -incluyendo una de las mejores actuaciones de Brian Dennehy en años- que acomoda a la perfección este guión más normalizado y explicado que cambia la horda de pandilleros chicanos del original por un auténtico ejército hipertecnificado de policías corruptos dispuestos a todo con tal de liquidar al temible Bishop (Larry Fishburne), un gangster implacable que sin embargo puede demostrar más honor que un policía desviado como el que interpreta Gabriel Byrne.
En el medio de la masacre quedan unos cuantos delincuentes comunes, el polizonte jubilado Dennehy y un sargento alcohólico y drogadicto (Ethan Hawke), traumado por un error que le costó la muerte a todos sus compañeros y que ahora, en medio de la nieve de un fin de año de perros, tendrá la ocasión de saborear un poco de redención.
Sin poder competir con el film original -que tampoco podía competir con «Río Bravo»- esta nueva « Masacre» es un gran homenaje al cine de Carpenter que al mismo tiempo se preocupa por mostrar su propia personalidad. Richet es un director a tener en cuenta en el futuro, y el equilibrio que exhibe aquí, entre la violencia que explota en la cara del espectador y lo cerebral del tipo de suspenso que utiliza para tenerlo en vilo es sólo uno de los hallazgos que ningún fan del cine de super acción querría perderse.
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