22 de mayo 2003 - 00:00

"MATRIX RECARGADO" (22/05/03)

«Matrix recargado» («Matrix Reloaded», EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir:A. y L.Wachowski. Int.: K. Reeves, L. Fishburne, C. A. Moss, H. Weaving y otros.

Igual que «El mago de Oz» y tantas otras películas sobre mundos paralelos y universos alternativos, «The Matrix» empezaba de un modo convencional: Keanu Reeves era una persona normal en un mundo normal. Cuando la normalidad empezaba a distorsionarse, el protagonista debía optar entre hacer de cuenta que no pasaba nada, o entender que había vivido una ficción, un universo virtual diseñado especialmente para oprimir a toda la raza humana.

«Matrix Recargado»
podría haber repetido este mecanismo familiar, y nadie se hubiera quejado. En cambio los Wachowski eligieron una opción más audaz y compleja, todo un ejemplo de que se puede hacer una megaproduccion sin menospreciar al publico. Esta secuela se podría definir como un encuentro entre «El proceso» de Kafka y «Terminator».

Los últimos hombres sobre la tierra tienen sólo algunas horas para salvarse del ataque de las máquinas, y sin embargo siguen sin entender que, lejos de la Matriz, hay muchos otros factores que siguen funcionando como cárceles virtuales que les impiden actuar racionalmente. Sólo sus centenares de invenciones digitales, vanguardistas hasta lo imposible, sirven para recomendar sin reparos esta película: «Matrix Recargado» exhibe tantos nuevos efectos en forma tan masiva, eficaz, creativa y variada, como para asegurar su lugar de hito de la revolución del cine high-tech.

De cualquier forma, ni esta cualidad, ni las increíbles escenas de acción -como la antológica persecución automovilística que no puede describirse sin ser vista atentamente dos o tres veces-son importantes al lado de lo que realmente importa: el concepto. La mejor escena de esta película no tiene ni acción, ni explosiones, ni efectos digitales gratuitos. Es el encuentro entre el Arquitecto y Neo, aquel tipo comun y corriente (Keanu Reeves), que escapó de su carcel virtual en el film anterior, y que ahora es una especie de Mesías para los últimos seres humanos libres de ese futuro ominoso.

Luego de 35 años de ver como cada film bueno, regular o malo se conformaba con imitar el ambiguo desenlace psicodélico del «2001» de Kubrick, los hermanos Wachowski consiguieron aportar una escena antológica a la ciencia ficción con pretensiones filosóficas -con una ayuda de la serie de TV inglesa «El prisionero», una referencia citada en la primera película de esta serie.

Lo central del encuentro entre Neo (El Elegido) y su creador (El Arquitecto), es la impotencia del protagonista al entender que su destino se rige según los designios de un bastardo que ni siquiera existe -es sólo un programa!

Obviamente este tipo de concepto --repe-tido con distintas variantes durante todo el film-se mezcla con impactantes escenas de acción, un lujo visual permanente y uno o dos detalles argumentales imprevisibles cada 5 minutos. Quien no atienda el slogan «Libera tu mente», quizá sólo perciba la película como una desordenada y estruendosa usina de luchas digitales descerebradas. Pero si se presta un poco más de atención --lo que no implica tomar en serio cada diálogo del film, ni esa «rave» postapocaliptica tan simpática y ridícula-, muchos diálogos herméticos y situaciones surrealistas podrían empezar a tener un sentido más inteligente de lo que se podría esperar.

La magia de los
Wachowski es crear el primer serial del siglo XXI revolucionando la técnica digital, y sin caer en la típica simplificación de una secuela hollywoodense, sino todo lo contrario. Este es el mejor ejemplo de que la audacia sigue siendo la mejor herramienta para obtener un récord de taquilla, y que no hace falta subestimar al espectador para potenciar una franquicia.

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