"Me baso en la realidad; es donde sucede lo inconcebible"

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Como suele ocurrir en la tumultuosa Feria del Libro, algunos de los escritores más destacados pueden pasar inadvertidos. Fue el caso del italiano Niccolo Ammaniti. El más importante narrador italiano de la actualidad, con su más reciente novela «Como Dios manda» (que parece una película de Quentin Tarantino sobre un guión de Roberto Arlt) ha ganado el prestigioso premio Strega, y lleva vendidos en Italia más de 700 mil ejemplares. Si bien ya había deslumbrado en 1996 con «La última nochevieja de la humanidad», Ammaniti alcanza la mayor notoriedad en 2001 cuando publica la novela «Yo no tengo miedo», que en 2003 se convirtió en un film de Gabriele Salvatores, quien también acaba de concluir la filmación de «Como Dios manda». Dialogamos con el escritor.

Periodista: Usted perteneció hace casi veinte años a la llamada «Juventud caníbal», que buscó renovar la literatura italiana. ¿Qué pasó con ese grupo?

Niccolo Ammaniti: No pasó nada. La mayoría de aquellos autores dejaron de escribir. Es que no fue un verdadero grupo sino una idea editorial para hablar de una generación y vender un libro.

P.: Una buena idea que permitió conocer a nuevos escritores de una literatura que había perdido sus figuras de prestigio.

N.A.: El éxito de esa antología fue muy útil porque permitió demostrar que había un dinamismo, que se había superado el estilo minimalista de los años ochenta y noventa. Durante años se dijo que la literatura italiana había llegado y concluido con Calvino, Sciacia, Pasolini y Moravia. Sobre todo con Pasolini. Durante un largo período pareció que había que confrontarse con esos « padres». Esa comparación jerárquica nunca produce obras buenas. La generación siguiente, la que me lleva unos quince años, se inspiró en la narrativa minimalista americana, que buscaba un lenguaje suelto, más simple, más íntimo, contando cosas cercanas a su vida cotidiana. Cuando llega nuestra generación, se trata de escritores que no se nutren ya de la literatura precedente sino del cine, las historietas, la literatura gótica del siglo XIX, la literatura de género que tiene que ver en forma directa con una sociedad consumista, que responde al impulso, a lo instintivo y no a lo racional.

P.: ¿Para usted cuál de esas influencias es la importante?

N.A.: Es difícil descubrir lo que hay de inconsciente en el modo de narrar. Cuando escribo veo las cosas como si fuera una película que le tengo que contar a alguien que está en la habitación de al lado.

P.: Al narrar por secuencias pareciera busca poner cine en su novela. Se ha dicho que tiene clara influencia de Tarantino.

N.A.: Es un método, «Como Dios manda» responde a un estructura de montaje cinematográfico. Es un libro coral con muchísimos personajes y a mí me gusta ser como un Dios que los observa, que se ocupa de ellos, luego los abandona, para más tarde retomarlos. Busco que el lector sienta una falta, un vacío, que quiere que sea saciado. Quizá se trate de un truco del oficio para hacer que la tensión del lector no caiga nunca, y así atraparlo con la historia. El escritor debe saber que en el nudo de su libro debe haber una emoción; en «Como Dios manda» es la relación de amor de un padre con un hijo que están solos contra todos los demás. Después se van agregando todos los otros personajes, que a medida que va transcurriendo la narración van adquiriendo un peso propio, cierto protagonismo, pero más allá de peripecias y aventuras, robos y crímenes, el nudo es la relación filial.

P.: ¿De dónde saca esos personajes, por ejemplo el de un neonazi que es un buen padre y enseña a odiar a su hijo?

N.A.: Los saco de la realidad donde suceden cosas irreales, inconcebibles, duras y trágicas. Me gusta observar a los que son considerados los últimos de la sociedad, esas personas de las que nadie se ocupa, de las que nadie habla pero que son capaces de vivir desde la miseria intensamente su vida, mas aún que las personas conocidas y famosas. En el caso del neonazi, yo no escribo para sorprender a la gente sino para contar algo. Y muchas veces busco entender a mis personajes. En el neonazi quise saber cuáles eran las raíces de su odio, porque es como un perro sujeto a una cadena, por más que se le dé de comer, está siempre al acecho y mostrando las garras. Mi interés es etológico, tiene que ver con la conducta de las personas, en eso me ha ayudado el ser biólogo. Gente como el neonazi de mi novela existen en Italia, pero sólo se las descubre si cometen algo atroz que es contado por los medios.

P.: ¿Realiza algún tipo de investigación más allá de la acercamiento, la observación?

N.A.: Yo no parto de esquemas teóricos, de un proceso racional que surge todo espontáneamente, pongo ante mí un mundo que trato de entender, en el que conviven la comicidad y la tragedia.

P.: ¿Cómo es su relación con Gabriele Salvatores, que lleva esta novela al cine, algo que ya hizo con «No tengo miedo»?

N.A.: No sé nada de la película «Como Dios manda», la terminaron de filmar hace dos semanas. A Salvatores le gustan mucho mis obras y las respeta. Ahora yo pienso dirigir una película. No sé cuándo porque aún tengo que dar por terminado el guión. Intentaré hacer un film muy económico para no tener que depender de nadie, para ser independiente, para no sufrir el control de nadie.

P.: Sus libros lo han vuelto un autor famoso, ¿eso para escribir lo ayuda o lo detiene?

N.A.: La fama o falta de fama es útil porque permite saber si lo que uno hace interesa o no. Lo que hoy pasa es que muchos lectores están más interesados por la persona famosa que por lo que se escribe. La fama lo coloca a uno en el centro del mundo y de los demás, lo que es un problema porque el escritor debe estar un poco al margen, en un lugar de silencio,aislado, para poder observary producir. A mí me gusta estar sin hacer nada, observar y reflexionar, y el trabajo de escritor me permite hacer esto durante la mayor parte del año. La gente puede pensar que soy un cretino que vive observando a la gente y de vacaciones, pero nunca me las he tomado, no las preciso, no se dan cuenta de que este oficio ocupa todo el tiempo la totalidad del cerebro.

P.: En sus libros hay un sutil registro de lo político, ¿eso tiene importancia para usted?

N.A.: Para mí la política es muy importante, pero observarla a posteriori, ver lo que ha producido en la sociedad, si las personas son más felices o no. Ese panorama de lo que ha ocurrido, de lo que ha sido la política que hemos vivido, muestra lo que nosotros somos, lo que ha producido con la gente. Cuando cuento de un personaje lo muestro en su relación con los otros, con la sociedad, con su relaciones amorosas, y por lo tanto está inmerso en la política sin que lo busque ni lo quiera. Y para observarla de verdad yo no tengo que tener ninguna inscripción.

Entrevista de Máximo Soto

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