11 de junio 2004 - 00:00
"Mi mayor desafío fue no caer en la frivolización"
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La directora de «Monólogos de la vagina» pondrá en escena la versión argentina de «Shakespeare comprimido», éxito inglés que mezcla, con humor, todas las obras de Shakespeare.
Periodista: El público inglés conoce muy bien los textos de Shakespeare porque los estudió en la escuela ¿Qué va a pasar con el público argentino mucho menos familiarizado?
Lía Jelín: Por esa razón hicimos algunos cambios, ya que hay chistes que no se entienden. Por ejemplo, cuando uno de los actores pregunta: «¿Quién va a hacer de Rosencrantz y Guildenstern?», personajes secundarios de « Hamlet», otro le contesta: «No, esos dos ya tienen su propia obra». ¿Quién va a captar que están hablando de esa maravillosa obra de Tom Stoppard, «Rosencrantz y Guildenstern han muerto»? Ni siquiera los actores conocían toda la obra de Shakespeare, así que hicimos un interesante trabajo de investigación.
P.: ¿Usted piensa que el público se va a interesar más por este autor después de ver la obra?
L.J.: Sí, lo veo en el interés que generó en estos actores. Se quedaron con ganas de conocer más.
P.: En la versión inglesa, Otelo hace rap y Tito Andrónico tiene un programa de cocina.
L.J.: Sí, todo eso lo hemos respetado. Otelo cuenta su historia a ritmo de rap, porque como no hay nadie de raza negra en el elenco (ellos dicen: «somos blanco teta») lo resuelven como pueden.
P.: O sea que la clave del espectáculo es trabajar con la imposibilidad y hacer teatro con lo mínimo.
L.J.: Exactamente, no sólo se trata de un Shakespeare comprimido, también la compañía está reducida. Son solamente tres actores que tienen que hacer de todo. Pero a la vez la obra es muy didáctica. Por ejemplo, cuando Otelo sale todo cubierto de barquitos uno de sus compañeros explica: «Perdónenlo, está vestido así porque buscó en el diccionario la palabra «moor» y la encontró traducida como «muelle», por eso tanto barquito. Pero en el 1600 «moor» también significaba «moro» en alusión a la persona de piel negra».
L.J.: Sí, en un partido de fútbol americano. No hubo manera de resolverlo con nuestro fútbol, porque son dos deportes muy diferentes.
L.J.: Es el que más va a disfrutar. La obra está pensada para un público bien masivo, desde adolescentes en adelante, pero tratándose de Shakespeare cuanto más conozcas de su obra más chistes y alusiones vas a pescar. La obra está tan inteligentemente armada que la pueden disfrutartanto los chicos de secundaria como los expertos.
P.: ¿Es cierto que en Chile ya habían comprado los derechos y elegido director y luego no se animaron a hacerla?
L.J.: Sí, es cierto. Y yo creo que lo más difícil de esta obra es encontrar la expresión adecuada. Se puede caer muy fácilmente en la chabacanería o en la frivolización del material. A pesar de su comicidad es una obra seria, pero tampoco se puede hacerla desde lo didáctico porque la solemnidad la tiraría abajo. Hay una fuerte disociación entre el texto, que debe ser dicho como los dioses, y el comportamiento corporal, que tiene que resultar muy gracioso. No sé cómo explicarlo. Es el mismo problema que tuve cuando leí la obra por primera vez y pensé: «¡Dios mío, esto cómo se hace!»
Entrevista de Patricia Espinosa




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