"Mis fuentes van de Hitchcock a Conrad"

Espectáculos

S e estrenó en la Sala Orestes Caviglia del Teatro Cervantes, una nueva pieza de Pedro Sedlinsky (1967) titulada «El informe del Dr. Krupp». La puesta en escena es de Francisco Javier, quien ya dirigió anteriormente otras dos obras de este interesante autor: «Dibujo sobre un vidrio empañado» y «Sangre huesos, piel, alma». El universo dramático de Sedlinsky está muy ligado al cine, la novela negra y los mitos clásicos e incluye un extraña galería de personajes siniestros o extraviados, siempre al borde de la locura. Otra de sus obras, «La mano en el frasco, en la caja, en el tren» (estrenada en Buenos Aires por Roberto Castro y en Francia por Véronique Bellegarde) recibió el Premio Antonio Buero Vallejo que otorga la ciudad española de Guadalajara. «El informe del Dr. Krupp» (finalista del Premio Tirso de Molina) alude a la investigación que inicia un científico al descubrir flotando en el río el cadáver de una hermosa joven. En su obsesiva indagación de este crimen, Krupp va quedando atrapado en su propio imaginario.

La escenografía y vestuario pertenecen a Carlos Di Pasquo, el diseño de iluminación a Luchy Kogan y la música original a Sergio Vainicoff. Integran el elenco: Edgardo Moreira, Ana Yovino, Paulina Torres, Diego Mariani y Claudio Messina.

Periodista: Estuvo a punto de ganar el premio Tirso de Molina en España con esta obra.

Pedro Sedlinsky: Así es, «El informe del Dr. Krupp» salió finalista, pero el premio lo ganó otro argentino, Rafael Spregelburd.


P.:
Sus piezas teatrales pueden ser leídas como obras literarias ¿Nunca pensó en escribir narrativa?

P.S.: No, a mí me gusta escribir para el actor, para la escena. Ahora se estila mucho escribir y dirigir, pero para mí son cosas muy diferentes. La dirección exige trabajar a fondo con los actores, con los escenógrafos, hay que coordinar todo un equipo de trabajo. Yo prefiero trabajar en soledad, en la calma de una habitación, en contacto con los libros y sin apuro. El tiempo de la puesta en escena es muy acotado y además la toma de decisiones genera mucho stress. Yo disfruto viendo lo que hace cada director con mis textos dramáticos. Siempre descubro cosas nuevas en cada puesta, es como un abanico de diferentes miradas. Eso ya me pasó con «La mano en el frasco...», la puesta que hizo Roberto Castro estaba inspirada en imágenes del pintor Edward Hopper, mientras que Véronique Bellegarde utilizó imágenes de Francis Bacon.


P.:
Una crítica francesa comparó «La mano en el frasco...» con «Historias extraordinarias» de Poe y con la película «Pacto siniestro» («Extraños en el tren»), de Alfred Hitchcock. ¿Reconoce esas fuentes como propias?

P.S.: Sí. A mí me gusta mucho el cine y la novela negra. Hitchcock, me encanta. También reconozco la influencia de Vladirmir Navokov y Joseph Conrad. Cuando leo a esos autores me siento como en mi casa. Para el «Informe del doctor Krupp» me inspiré en «El corazón de las tinieblas» de Conrad. Me interesa esa inclinación por el abismo y las zonas oscuras. Yo siempre parto de un caos inicial, en el que aparecen las cosas más diversas, relacionadas con la música, los mitos, ciertas imágenes pictóricas... después empiezo a ordenar y a unir los diferentes materiales entre sí.Aquí trabajé a partir de un libro titulado «Alquimia y mística» que incluye muchas imágenes y grabados antiguos, también incorporé el mito de Teseo, Ariadna y el Minotauro (la obra tiene la estructura de un laberinto) y el de Caín y Abel. Por otra parte, esa mujer joven y hermosa, hallada en el agua, remite a la Ofelia de Shakespeare


P.:
¿Cómo resumiría la obra que acaba de estrenar en el Cervantes?

P.S.: El informe que realiza el doctor Krupp le hace descubrir cosas inesperadas de su propia historia que lo movilizan profundamente. Y yo no agregaría nada más, porque ésta es una obra que apunta al inconsciente, es decir a las zonas menos racionales del espectador.

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