21 de abril 2005 - 00:00

"Miss simpatía 2: armada y fabulosa"

Sandra Bullockvuelve aencarnar a laagente GracieHart, ahorajunto a unacompañeraintratable(Regina King)en «Misssimpatía 2»,secuela conalgunosbuenos gags,pero reiterativay demasiadolarga.
Sandra Bullock vuelve a encarnar a la agente Gracie Hart, ahora junto a una compañera intratable (Regina King) en «Miss simpatía 2», secuela con algunos buenos gags, pero reiterativa y demasiado larga.
«Miss simpatía 2: Armada y fabulosa» (Miss Congeniality 2: Armed and Fabulous, EE.UU., 2005, habl. en inglés). Dir.: J. Pasquin. Guión: M. Lawrence. Int.: S. Bullock, D. Bader, T. Williams, W. Shatner, R. King.

Después de participar en un concurso de belleza para resolver el caso del primer film, la agente Gracie Hart (Sandra Bullock) ya no puede realizar sus investigaciones sin armar un revuelo cholulo a su alrededor, por lo cual en esta segunda parte se le da a elegir entre hacer tareas burocráticas o convertirse en «la cara del FBI».

No sin resistencia, Gracie acepta lo segundo, y pronto está siendo «feminizada» por el asesor de imagen Joel ( Diedrich Bader), un caricaturesco homosexual, naturalmente, quien también la conforta con su amistad, ya que el agente Mattews, su galante compañero en el original, la abandonó por teléfono, permitiéndole a los productores, entre ellos Bullock, ahorrarse el cachet del actor Benjamin Bratt. Como se ha convertido en una celebridad, Gracie necesita un guardaespaldas, y qué mejor que una intratable agente negra llamada Sam Fuller (no se sabe si en homenaje al legendario director y productor), con la que Gracie se odia a primera vista, como corresponde.

Mientras pasea sus encantos recientemente adquiridos en programas de TV, un par de energúmenos secuestra a Miss Estados Unidos y su representante, algo que hace renacer la garra de la antigua Gracie, despertando de paso la repentina solidaridad de Sam como para que juntas se lancen a la acción. Siempre seguidas por el inefable Joel, las chicas se meten en la mayor cantidad de problemas posibles, algunos bastante graciosos, la mayoría no tanto.

Sin Michael Caine, como en el original, ni un argumento mínimamente llevadero (del que ya carecía el original), pero con un director dispuesto a dilapidar alegremente el generoso presupuesto, las dos actrices corren, se disfrazan, bailan, cantan y muelen a golpes a unos cuantos durante buena parte de los extenuantes 115 minutos que dura el film. Vale decir, más de lo mismo, con una sola novedad: ahora Gracie Hart está a favor de la paz mundial.

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