23 de octubre 2003 - 00:00

"MUJER FATAL"

«Mujer fatal» ( Femme Fatale, Francia, 2002, habl. en inglés y francés). Dir.: B. De Palma. Int.: R. Romijn-Stamos, A. Banderas, E. Ebouaney, P. Coyote.

De Palma
no sólo sabe dar buenos finales imprevistos, sino que también siempre se las ha arreglado muy bien para filmar productos capaces de sorprender por completo al público. Sorpresas que pueden ser buenas o espantosas. Pero muy pocas veces hizo algo que tenga todo esto junto. Por momentos, «Mujer fatal» parece el film más atractivo de la última etapa de De Palma, pero luego se va convirtiendo en lo que parece su peor desastre, hasta que al final se transforma en una película brillante, una de las más originales e inclasificables que haya realizado el experto en thrillers en años.

Se entiende que esta contradictoria definición de «Femme Fatale» cause extrañeza sin haber visto la película, que empieza con Rebecca-Romijn-Stamos, toda una bomba sexy del hampa, tirada en la cama en topless viendo «Pacto de Sangre» de Billy Wilder por TV. Insólita distracción para quien debería estar totalmente concentrada en el complicado plan criminal que está a punto de llevar a cabo: robarle las joyas a una estrella de cine durante el estreno de su film en el festival de Cannes.

El plan se basa en que la protagonista, una semidiosa lesbiana, tenga tal poder de seducción como para que convenza a la estrella de tener en encuentro sexual en el baño del cine donde proyectan la película. En este caso, desnudar a la estrella se reduce básicamente a sacarle sus joyas, que deben ser reemplazadas por réplicas por un cómplice. Una traición de la bella ladrona a sus socios parece la decisión incorrecta cuando empiezan a buscarla implacablemente, hasta que el destino la ayuda con una rara confusión. Por su increíble parecido físico, la confunden con una desolada viuda al borde del suicidio, lo que deja a la protagonista en una encrucijada temible: si permite que esa mujer casi igual a ella se suicide, podría tomar su identidad y comenzar una vida nueva, con mucho dinero y sin enemigos.

La decisión inmoral parece la única que podría tomar una ladrona bisexual, y sus consecuencias son inevitables, agravadas por la participacion fortuita de un paparazzo ( Antonio Banderas), mezclado en la trama de una manera tan caprichosa como todo lo que sucede en el film.

Apoyada por una especie de «Bolero» de Ravel al estilo Sakamoto, la escena del robo más lésbico de la historia del cine se desarrolla amablemente, con los típicos travellings elegantes de De Palma y un montaje digno del maestro de «Magnífica obsesión». Sólo que a medida que la historia se lanza hacia el delirio más disparatado, parece que «Femme Fatale» no puede hacer otra cosa que hundirse más y más. Cuando el público está con la guardia más baja posible, y ya no puede esperar nada de lo que está viendo, De Palma lo deja knock out con uno de los desenlaces sorpresa más eficaces que se hayan visto.

El último redime por completo toda la historia al tiempo que justifica los detalles absurdos previos, e incluso cambia totalmente el género del film. Y además le permite a Brian De Palma un tour de force de montaje paralelo que de por sí ya justifica la visión de este film raro, cuyo desquicio conceptual lo vuelve extremadamente original y muy recomendable.

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