E n una pequeña, agradable, y bastante típica ciudad norteamericana se instala un joven psicólogo, también agradable: él sí que sabe escuchar a sus pacientes. A diferencia de otros profesionales, él muestra un interés real por lo que sus pacientes dicen, borra ciertas distancias, y además ofrece calidez y consejos prácticos, a veces bastan-te originales, pero de sentido común, y con resultados fácilmente comprobables. La mujercita agobiada por la vida, la esposa insatisfecha que encuentra compensación (y obsesión) en las compras, el hombre que ni sabe lo que pasa en su hogar, el empresario que no logra tener amigos sinceros, encuentran solución a sus problemas. Claro que no todos son lo que parecen... ni siquiera el propio analista.Con simpatía, sin estridencias, Lawrence Kasdan («El corazón de la ciudad») ofrece aquí una pequeña comedia de caracteres, coherentemente agradable. Buena terapia, sobre todo para quienes quieran escapar de tantas comedias vulgares. El hombre no pretende hacer el suceso del año, y ni siquiera intenta ser cómico. Lo suyo consiste «apenas» en saber contar un relato ameno y en simpatizar con sus personajes, así como su psicólogo sabe simpatizar sinceramente con los sujetos que llegan a consultarlo.
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•bservador Otro «apenas»: Kasdan es un clasicista. Buen observador de la clase media americana, sigue el estilo suavemente satírico, casi diríamos, más bien, cordialmente cachador de ciertos realizadores hollywoodenses considerados de segunda línea, como Gordon Marshall o Frank Tashlin, insertos en la industria, pero no disueltos. Nada de ataques e improperios contra el «establishment», sólo una simpática serruchadita, mucho más civilizada y más efectiva. Porque, ¿qué sería de psiquiatras terminantes, psicólogos llenos de títulos, y pacientes crónicos, si empezaran a generalizarse los tipos como el de esta película?
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