Murió Adolfo, el alma de los Abalos

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Adolfo Abalos, creador y líder musical de Los Hermanos Abalos, murió ayer en Mar del Plata a los 93 años. Abalos fue uno de los pianistas más importantes del folklore argentino y desde 1969 vivía junto a su esposa, Nancy Gordillo, en Mar del Plata. De acuerdo con lo indicado por Amilcar Abalos, uno de sus seis hijos, el artista murió mientras dormía en su casa junto a su esposa. Adolfo, considerado el «cerebro» del conjunto ya que compuso muchas de las canciones de su repertorio, recientemente había sido nombrado «Ciudadano Ilustre de Mar del Plata».

«Todo empezó por Gardel. No nos gustó cómo cantaba un gato. Nos pareció que no llevaba ni el ritmo ni la melodía del verdadero gato, y pensamos que sería bueno hacerlo conocer a los porteños». Así explicó alguna vez Adolfo Abalos el nacimiento de lo que primero sería un dúo con su hermano mayor, Napoleón Benjamín «Machingo», y luego terminaría en uno de los grupo más significativos de la música folklórica argentina.

De familia santiagueña, Adolfo había nacido en Buenos Aires el 14 de agosto de 1914 (en la misma cuadra donde nacióAníbal Troilo), pero un año después regresó a Santiago. Hijo del primer odontólogo de la provincia, se recibió de farmacéutico en Tucumán con 23 años; y regresó a Buenos Aires con la intención de estudiar bioquímica, pero finalmente esos estudios quedaron truncos y eclipsados por la música. Los Hermanos Abalos tocaban en bares chacareras, zambas y gatos en piano y fue uno de los grupos pioneros en introducir el piano en el folklore.

Por casualidad, un productor de Radio El Mundo los vio tocar, y poco tiempo después los contrató. En los dos años siguientes llegaron los dos hermanos menores Vitillo y Machaco, y cuatro años más tarde lo hizo el hermano del medio, Roberto Wilson. De esa manera se formó el grupo Los Hermanos Abalos.

Adolfo fue uno de los principales motores del grupo, a pesar de que prácticamente toda la actividad, las composiciones y la discografía del grupo fueron firmadas en conjunto. En 2005 recibió un premio Konex por su labor como solista masculino de folklore.

Además de la enorme tarea realizada junto a «Machingo», Roberto, «Vitillo» y «Machaco», Adolfo tuvo también alguna actividad solista; en 2000 grabó y editó el que sería su único -y brillante- disco en solitario -«El piano de Adolfo Abalos»-. «Agitando pañuelos», «Chacarera del rancho», «Nostalgias santiagueñas», «Carnavalito quebradero», «Zamba de los yuyos», «El gatito de Chaikosky» y «Casas más, casas menos» son algunas de las piezas que firmó con su nombre y que se transformarían no sólo en repertorio de los Hermanos sino en obras fundamentales del cancionero popular.

También hay que ver su influencia destacada en los dos álbumes de «Nuestras danzas», que fueron una suerte de escuela sobre los ritmos y el pianismo aplicado a los géneros folklóricos para las generaciones posteriores. «Mis hermanos y yo trajimos a la gran ciudad de Buenos Aires la música criolla de Santiago del Estero y de los epicentros norteños, y de ahí la difundimos a todo el país. Como pianista, tengo el orgullo de ser uno de los primeros en introducir el piano, instrumento europeo, al folklore argentino. Yo digo: cuando toco el piano, al mismo tiempo toco el bombo, zapateo; y también toco el piano».

«Soy un muchacho de 86 años y me han dejado solito, tengo miedo, carajo», dijo ayer «Vitillo», ahora único sobreviviente de los Abalos, a una agencia noticiosa. «Pobrecito mi hermano, estuvo desde hace dos años bastante delicado por el famoso Alzheimer», agregó.

«Yo, por sobre todo, soy músico», recordaba Adolfo Abalos en una de sus últimas declaraciones. «Soy músico ecléctico y disfruto de tocar y componer. Ademas de piezas folklóricas, también he compuesto bossa nova, jazz y música clásica, y cerca de 20 tangos con música y letra. Claro, son los más famosos tangos desconocidos de la historia».

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