4 de diciembre 2000 - 00:00

Nadie volverá a usar la lencería de la Callas

María Callas.
María Callas.
París (AFP-NA) - El honor de María Callas está a salvo: sus combinaciones, soutiens y otras prendas íntimas fueron adquiridos en la subasta realizada este fin de semana en la casa Drouot Montaigne de París, por una fundación griega que se propone quemarlos para preservar por siempre el pudor de la diva.

El Athenaeum, que desde hace 24 años administra el Gran Premio de Canto María Callas, no escatimó las críticas a esta subasta, calificando de «escandalosa» la venta de algunas prendas de ropa interior procedentes de las colecciones de dos admiradores de la Callas, Ilario Tamassia y Nicolas Petsalis-Diomidis.

«Vinimos aquí para comprar todas las prendas de ropa interior de María Callas, quemarlas y dispersar sus cenizas en el Mediterráneo», dijo la presidenta de la fundación, Louli Psichuli. «Para nosotros, en Grecia, es algo horrible pensar que la imagen de Callas, que nada tenía que ver con el sexo, pueda ser utilizada de tan sórdida manera», agregó.

La entrada al remate fue testigo del triste espectáculo que dieron los numerosos admiradores de la Callas intentando, si era preciso, dar algún que otro codazo, y atacar a insulto limpio para hacerse un hueco en el interior, todo para ver por última vez los recuerdos íntimos de la diva. Un kimono, sus gafas de baquelita, su chinchilla y la correspondencia que mantuvo con Visconti formaron parte del lote de unos dos mil objetos. Pero la Fundación sólo anhelaba lo más comprometedor.

El sábado por la tarde, el Athenaeum adquirió a precio de oro cuatro «lotes íntimos»: una minicombinación de encaje color marfil a 5.500 dólares, una combinación de encaje negro a 2.550 dólares, una combinación de raso satinado rosa a 1.700 dólares y una bata a 2.000 dólares. Durante la subasta, los miembros de la fundación, que en los pasillos eran apodados los «quemadores de bragas», estaban todos listos en primera fila.

Al ponerse en venta el primer mechón de pelo de la diva, Psichuli recordó que quería adquirirla a toda costa, no para ella, sino para la Fundación Athenaeum para el Premio María Callas. Fue entonces que un joven compositor libanés convertido en empresario en Ucrania, Omar Harfouch, conmovido por los escasos medios de la fundación, decidió comprar el mechón de pelo por 5.000 dólares y regalárselo a Athenaeum.

Harfouch no se contentó con este gesto, y propuso luego a los representantes de Athenaeum regalarles el afiche original de «La Traviata» que había adquirido por 15.000 dólares. Louli Psichuli rompió en sollozos. Los acontecimientos que siguieron estuvieron a la altura de sus esperanzas. El martillero a cargo, Frédéric Chambre, también conmovido por la situación, llevó adelante la venta con delicadeza, evitando que se dispararan pujas inútiles. Chambre había aceptado, por lo demás, presentar los objetos litigiosos solamente dentro de cajas cerradas, para evitar el sensacionalismo entre el público y los fotógrafos. La fundación pudo adquirir de esta manera la mayoría de los saltos de cama y otras prendas íntimas de María Callas, que serán quemadas próximamente. El honor de la diva está a salvo.

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