14 de enero 1999 - 00:00

"NI EL TIRO DEL FINAL"

La novela policial de José Pablo Feinmann «Ni el tiro del final», fue uno de los eternos proyectos siempre a punto de filmarse en el cine argentino de los años '80. En un momento se especuló con una adaptación de Adolfo Arista-rain interpretada por Valeria Lynch.
Pasó una década y la historia de un triángulo amoroso plagado con las típicas traiciones del género de las mujeres fatales no tuvo tango como fondo musical, sino canciones de Gershwin.

 Conversiones

El balneario bonaerense del libro se convirtió en una playa decadente de la costa este de los Estados Unidos, ya que «Ni el tiro del final» (conocida en los Estados Unidos como «Love walked in») es una producción de la división televisiva de Columbia Pictures.
El papel que en algún momento pensó en interpretar la mismísima
Madonna terminó siendo de la española Aitana Sánchez-Gijón, y sus dos hombres son actores de lujo, Denis Leavy y Terence Stamp.
El argentino Juan José Campanella, ganador de varios premios Emmy por sus series para HBO, y realizador del film del culto «The boy who cried bitch» (estuvo un año en cartel en España como «El niño que gritó puta», pero nunca tuvo estreno comercial en la Argentina) readaptó el libro de Feinmann para que funcione en un mundo anglosajón. Denis Leary es un cantante de bar fracasado, que no tiene mejor idea que usar a su bellísima esposa como carnada para chantajear a un millonario libidinoso. Como debe sucederle a todo perdedor del cine negro, a Leary su trama criminal se le vuelve en contra hasta llegar al amargo final («The bitter end» fue precisamente el título de rodaje de esta extraña producción independiente que se estrenó en la edición anterior del festival de Sundance).
La química entre los tres sólidos intérpretes es óptima. A
Leary el papel de cantante que interrumpe sus temas para desgranar ácidos comentarios le viene de perillas para exhibir su talento de comediante monologuista, y Aitana Sánchez-Gijón brilla en sus escenas sexy.
Terence Stamp es un gran actor que no necesita mucho para lucir convincente, aunque quizá por eso uno podría esperar más intensidad en su aparición.
La dirección de
Campanella es cuidada e imaginativa, exhibiendo el sentido común y la concepción visual que no se ve muy a menudo en el cine nacional -a su favor hay que decir que más allá de los actores, esta producción no es mucho más costosa que varias de las que se han hecho por aquí recientemente-. La película se disfruta, y quizá el único reparo sea la timidez al filmar las escenas más fuertes de la extraña historia paralela que se cuenta en el film, una falta que hay que adjudicarle más a las presiones del estudio que a las intenciones del director, que ya se está preparando a filmar su primer largo enteramente argentino.

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