13 de noviembre 2000 - 00:00
Ni la diabla Hurley salva el desatino de innecesaria remake
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Hablando de venderle el alma al diablo, el director Harold Ramis alguna vez hizo películas tan divertidas y originales como «Hechizo del tiempo», esa pesadilla en la que Bill Murray despertaba siempre con un tema de Sonny & Cher para revivir una y otra vez el peor día de su vida.
Pero el «ghostbuster» Ramis ha ido perdiendo puntería. En su anterior «Analízame» se notaba que no se había molestado mucho en potenciar los buenos elementos de la combinación entre Robert De Niro y Billy Crystal, y ahora en « Al diablo con el diablo» se limita a empeorar el planteo de una vieja comedia de 1967.
Brendan Fraser es un looser con cara de bobo que no encuentra otra manera mejor de triunfar en la vida y conquistar a la chica de sus sueños (Frances O'Connor) que hacer un pacto con la diabla Liz Hurley (que ya hizo un papel tentador un poco similar a éste en «EdTV»). Si la diabla le concede 7 deseos, el protagonista le dará su alma inmortal.
Fraser aprovecha el guión para dar rienda suelta a toda su gama de caras de idiota: jugador de básquet idiota, escritor gay idiota, joven sensible idiota, presidente idiota, etc. Sus caracterizaciones no son del todo malas, aunque nunca están sustentadas por diálogos que superen un nivel mediano de comicidad boba, lo que obviamente no es demasiado auspicioso.
Lo más divertido son algunas apariciones demoníacas de la Hurley, que a su vez también se caracteriza de profesora sexy, enfermera traviesa, mujer policía erótica y diablesa gigante y en bikini rodeada de fuegos infernales.
En general el resultado es pobre, sólo ofrece risas esporádicas y algún elemento visual atractivo (como las puestas de sol que hacen llorar a la encarnación sensible de Fraser). Pero no alcanza para volver recomendable a este producto olvidable, casi triste si se tienen en mente los buenos films de su director.




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