"Noches mágicas de radio"

Espectáculos

«Noches mágicas de radio» (A Prairie Home Companion, EE.UU., 2006, habl. en inglés). Dir.: R. Altman. Guión: G. Keillor. Int.: M. Streep, L. Tomlin, K. Kline, V. Madsen, G. Keillor, L. Lohan, T.L. Jones, W. Harrelson, J.C. Reilly, M. Rudoph.

Síntesis apretada: ésta es una deliciosa pintura de la última transmisión de un viejo programa de variedades del Medio Oeste, pintada por un elenco en estado de gracia, disfrutando sus personajes, textos, y temas (himnos, baladas, jingles, country y westerns), todo inspirado por un viejo maestro amante del arte y el espectáculo, Robert Altman. Entre nosotros, una obra especial para amantes de las buenas despedidas, que disfrutarán más que nadie los seguidores de Meryl Streep y Lily Tomlin.

Da gusto ver a esas dos veteranas de la escena jugando a ser dos hermanas (una optimista, de aire angelical y voz pura, otra agria, de comentarios filosos y voz estragada), cantando juntas y recordando a dúo unas historias familiares que, a esa altura (porque hace años que están en la farándula) ni ellas han de saber si son del todo ciertas, pero que les permiten preparar a la audiencia para el tema «Good Bye to my Mama», o ablandar a la hija de una de ellas, obsesionada por el suicidio.

En realidad, en esta ficción casi todos los personajes son unos admirables camanduleros que mezclan la vida con la representación y con la tradición del cuento oral, y se ve que los actores que interpretan esos personajes (Streep, Tomlin, Kevin Kline, los vaqueros Harrelson y Reilly, hasta Virginia Madsen, que hace de ángel de la muerte) disfrutan eso a pleno, como que conocen el ambiente. Y tampoco hay ninguna pérdida que lamentar, salvo quizás alguna muerte en los camarines, porque el viejo programa radial al que se hace referencia, «A Prairie Home Companion», todavía sigue, y entonces es todo como un ensayo de despedida, que ha hecho el creador y conductor de «A Prairie...» y guionista de este film, el altísimo y graciosamente serio Garrison Keillor. Es muy buena, además, su frase final de consejos espirituales que termina rematando en aviso comercial, y es muy feliz y emotiva la interpretación del viejo y sentido «Red River Valley (In the Sweet By and By)» por toda la compañía.

Al momento del rodaje, Robert Altman ya estaba en los 80 años bien traqueteados, y llevaba 10 con un corazón ajeno. Copiloto de B-24 en su juventud, fue desde 1950 el hombre orquesta de una pequeña compañía de cine, director de muchos capítulos de «Alfred Hitchcock presenta», «Combate», «Bonanza», y varias otras series, y autor de unas cuantas piezas entre irónicas y sarcásticas de memorable construcción y gran elenco, entre ellas «Vidas perdidas», «Mash», «Del mismo barro», «Un día de boda», «Tres mujeres», «Buffalo Hill y los indios», «Extraña pasión», «The Player. Las reglas del juego», «Ciudad de ángeles», «Pret-a-porter», y «El doctor y las mujeres».

«Noches mágicas...» dista del sarcasmo, y su ironía es francamente cariñosa. Vecina musical de «Nashville» y de «Kansas City», risueña como «La fortuna de Cookie», humildemente puesta al servicio de los artistas, como «The Company» (hecho para lucimiento de Neve Campbell y el Joffrey Ballet de Chicago), «Noches mágicas...» es la última obra del sabio Altman. Que, muy sanamente, toma a risa su saludo final, igual que Keillor cuando le reclaman «¿No vas a explicarle al público que ésta es la última noche? Aunque sea, decí 'gracias'», y el otro responde «No sirvo para discursos largos». Para largas (pero bien jugosas) ya estaban sus películas.

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