1 de octubre 2003 - 00:00
Novela policial casi filosófica
-
Disney+ sumó a su catálogo la película infantil que fue furor en los cines de todo el mundo
-
Murió Marita Monteleone, la histórica "voz del teléfono" que marcó a generaciones de argentinos
«Los perros de Riga» es el cuarto título de esta saga que se edita en español. La acción transcurre en 1991 (apenas un año antes de publicada la novela) y la misión de Wallander se inicia con el descubrimiento de dos cadáveres muy bien vestidos flotando en un bote a la deriva. Lo que en principio parece un simple ajuste de cuentas, derivado del tráfico de estupefacientes, empieza a ramificarse en una compleja red de intrigas políticas. Una vez identificadas las víctimas (dos conocidos criminales de Letonia) llega a Suecia el mayor Liepa, integrante del grupo de homicidios de Riga, para dar por finalizado el caso. Pero su inesperada muerte, ocurrida a poco de regresar a su país, obliga a Wallander a viajar a Letonia (un país que recién logró liberarse de su condición de estado-satélite de la ex Unión Soviética en agosto de 1991). Esto hace que el ambiente político-social que rodea a esta historia, resulte muy similar al que describían las novelas de espionaje de la Guerra Fría, donde la acción transcurría en ciudades sometidas a una permanente vigilancia y a un control brutal e inhumano de todas las actividades. Aunque su trama argumental incurra en reiteraciones o carezca del nervio y del suspenso de otras piezas del género, «Los perros de Riga» aporta una interesante visión -muy subjetiva por cierto-de los cambios ocurridos en la región Báltica a consecuencia de la caída del sistema comunista ruso y de la unificación de las dos Alemanias. El estupor de Wallander -un ciudadano sueco acostumbrado a vivir en libertad y sin demasiadas preocupaciones económicas-no tiene límites. En consecuencia, el choque que le produce esta realidad insospechada -con gente que arriesga su vida para librarse del yugo extranjero y de su siniestro dispositivo de soborno y corrupción-, lo lleva a cuestionar el vacío espiritual de una sociedad como la sueca, demasiado acostumbrada a vivir en la abundancia. Henning Mankell logra reflejar así las profundas contradicciones del hombre contemporáneo y su falta de rumbo, metido nada menos que en la piel de un policía.



