1 de octubre 2003 - 00:00

Novela policial casi filosófica

Henning Mankell «Los perros de Riga» (Barcelona, Tusquets, 2002, 334 págs.)

E l escritor Henning Mankell (Estocolmo, 1948) lleva publicadas alrededor de veinte novelas, además de obras de teatro y narraciones infantiles, pero su fama internacional está relacionada con la serie del inspector Wallander, un policía honesto y algo melancólico, que tiene grandes dificultades para comunicarse con sus seres queridos, empezando por su padre y su hija.

«Los perros de Riga»
es el cuarto título de esta saga que se edita en español. La acción transcurre en 1991 (apenas un año antes de publicada la novela) y la misión de Wallander se inicia con el descubrimiento de dos cadáveres muy bien vestidos flotando en un bote a la deriva. Lo que en principio parece un simple ajuste de cuentas, derivado del tráfico de estupefacientes, empieza a ramificarse en una compleja red de intrigas políticas. Una vez identificadas las víctimas (dos conocidos criminales de Letonia) llega a Suecia el mayor Liepa, integrante del grupo de homicidios de Riga, para dar por finalizado el caso. Pero su inesperada muerte, ocurrida a poco de regresar a su país, obliga a Wallander a viajar a Letonia (un país que recién logró liberarse de su condición de estado-satélite de la ex Unión Soviética en agosto de 1991). Esto hace que el ambiente político-social que rodea a esta historia, resulte muy similar al que describían las novelas de espionaje de la Guerra Fría, donde la acción transcurría en ciudades sometidas a una permanente vigilancia y a un control brutal e inhumano de todas las actividades. Aunque su trama argumental incurra en reiteraciones o carezca del nervio y del suspenso de otras piezas del género, «Los perros de Riga» aporta una interesante visión -muy subjetiva por cierto-de los cambios ocurridos en la región Báltica a consecuencia de la caída del sistema comunista ruso y de la unificación de las dos Alemanias. El estupor de Wallander -un ciudadano sueco acostumbrado a vivir en libertad y sin demasiadas preocupaciones económicas-no tiene límites. En consecuencia, el choque que le produce esta realidad insospechada -con gente que arriesga su vida para librarse del yugo extranjero y de su siniestro dispositivo de soborno y corrupción-, lo lleva a cuestionar el vacío espiritual de una sociedad como la sueca, demasiado acostumbrada a vivir en la abundancia. Henning Mankell logra reflejar así las profundas contradicciones del hombre contemporáneo y su falta de rumbo, metido nada menos que en la piel de un policía.

Te puede interesar