4 de septiembre 2001 - 00:00

"Nuestra convivencia en TV nos llevó a hacer esta obra"

Palmer y Fulop.
Palmer y Fulop.
"En realidad, queríamos una obra sobre dos actrices que comparten el camarín", dice Catherine Fulop, que junto a Patricia Palmer pasó del set de grabación de «Ilusiones» a las tablas de la calle Corrientes. «Cuando uno soporta doce horas de grabación, aflora todo lo que te pasa en la vida», dice Palmer en referencia al camarín y a las extensas jornadas que requieren las tiras televisivas.

Pero a poco de comenzar, el proyecto derivó hacia una nueva versión de «Extraña pareja». Aunque la idea original de las actrices se modificó, el tema de rigor, la convivencia, estará presente. Eso sí, visto desde el cristal de la probada pieza de Neil Simon y bajo la dirección de Julián Howard.

A las duplas Carlos Calvo y Ricardo Darín (1983), y Arnaldo André y Claudio García Satur (1999), que protagonizaron la obra en el país, y a la primera versión femenina en 1989, con Soledad Silveyra y Ana María Picchio, se suma esta cuarta, que se estrena mañana en el Lola Membrives. «Extraña pareja» no sólo significa para Fulop su debut en teatro, sino que también será su primera experiencia laboral con Osvaldo Sabatini desde que están casados. Su marido es el productor de la obra al frente de su empresa El Paso Producciones.

Periodista: ¿Han experimentado una convivencia similar a la que se plantea en la obra?

Catherine Fulop: Yo nunca viví con una amiga o una mujer, siempre viví con hombres, gracias a Dios. Bah, no sé si gracias a Dios, o es un castigo. Pero con mis parejas siempre hubo choques. La convivencia es muy difícil, siempre molesta algo.

Patricia Palmer: No tengo amigas que me irriten ni he vivido con amigas, pero creo que la convivencia de por sí es difícil y en dos personas que son muy distintas, debe ser terrible.

P.: ¿Cómo surgió la idea de actuar en teatro mientras trabajaban juntas en televisión?

P.P.: Lo fuimos generando en horas de charla en el camarín de «Ilusiones».

C.F.: Después se sumó Ova como productor, y a mí me daba un poco de miedo de que se metiera en el proyecto porque no sabía qué podía pasar. Nosotras siempre decíamos «tenemos que hacer teatro, tenemos que mostrar esto que nos pasa», que nos matábamos de risa o llorábamos, sobre todo yo. Hubiera sido lindo que nos escribieran una obra sobre dos actrices en un camarín.

P.: ¿Cómo se siente trabajando con su marido justo cuando está debutando en teatro?

C.F.: Pese a mis temores, viene saliendo todo muy bien.

P.P.: Cathy es una antidiva en la vida y en el trabajo. El marido es el productor, y ella es una laburante más, y así debe ser, pero no es lo más común. Y es antidiva en la vida porque es sencilla, es simple, es como la ves, no se disfraza de nada, es auténtica. La mayoría de la gente ama eso en las divas como Susana Giménez, ese algo que yo no lo tengo porque funciono de una manera mucho más reflexiva, más tranquila. Ella es madraza y, al mismo tiempo, cuando se tiene que producir y estar divina lo hace... no sé cómo. O sí, el tener nenes chiquitos ayuda a estar activa.

P.: No me va a decir que tiene ese físico sólo por correr detrás de sus hijos.

C.F.: Bueno, una se va cuidando porque se debe a su cuerpo. Y eso que como de todo, me encanta el pan con manteca, cuando voy a un restorán como muy bien.

P.P.: Es cierto, nunca la vi comer lechuguita. A las dos nos gusta comer y tomar buen vino. Además hay cuerpos privilegiados, como el caso de Cathy.

C.F.: Es cierto y no me quejo. Hablaba con mi personal trainer sobre mi cuerpo, que reacciona rápido. Yo digo «voy a adelgazar tanto» y si me pongo, me mato. Hago 45 minutos de bicicleta, la pongo durísima y termino empapada, después les doy duro a los abdominales. Mi personal me dice que hay gente que tarda un año en que el cuerpo le responda al ejercicio, en cambio yo estoy dos meses y ya se nota.

P.: Sus personajes en la obra, la puntillosa y la desordenada, ¿tienen algún correlato con la vida real?

C.F.: En alguna época de mi vida fui descontrolada, en la adolescencia y hasta los 20 años, pero eso se corrige con la edad. Tener bien tu ropa, tus cosas.

P.P.: Yo no tengo nada que ver con el personaje en la vida real, no soy obsesiva para nada, sólo para construir los personajes.

P.: ¿Qué novedad supone esta versión de «Extraña pare-ja» en relación con las anteriores?

P.P.: Que estamos nosotras y somos distintas, al igual que el elenco.

C.F.: Pienso que moderniza el haberla traído para Buenos Aires, porque siempre se la representa transcurriendo en Nueva York, y eso la vuelve un poco antigua. Florence y Olive ahora son Florencia y Olivia, la abuela vive en Ushuaia. De esa manera, es más de acá, también hablamos de vos.

P.: ¿Cómo tomaron el abrupto levantamiento de «Ilusiones»?

C.F.: Nos cayó muy de sorpresa. En esos días nos acababan de decir que seguíamos todo el año porque se oían los comentarios de que terminaba.

P.P.: Yo tengo la filosofía de que lo que sucede conviene. Lo que más duele es tanta gente que de verdad contaba sólo con ese trabajo y que no sabe cuándo va a volver a trabajar. Ver a tus compañeros llorar porque se han metido a pagar créditos y ganan lo justo para vivir es muy duro.

P.: ¿Qué opinan de la televisión actual?

P.P.: Creo que si se la compara con la televisión de hace diez años, está mejor, desde la calidad de la ficción, la imagen, ahora es todo digital, todo avanza. Ahora, si una quiere focalizar en los reality shows, y bueno, son negocios como siempre los hubo, mañana habrá otra cosa. Lo malo es creer que eso tiene algo ver con nosotros. No tiene nada que ver.

P.: ¿En teatro se trabaja con más tranquilidad?

P.P.: No, todo lo que es cultura y educación ha involucionado, pero cada uno desde su lugar trata de no asfixiar lo poco de arte y cultura que queda.

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