30 de julio 2003 - 00:00

"Nuestros piratas traficaron nazis, opositores y ladrones"

Carlos María Domínguez
Carlos María Domínguez
C on su novela «Tres muescas en mi carabina», Carlos María Domínguez ganó en 2002 los 5 mil dólares del premio a la mejor novela, que la Embajada de España estableció en el Uruguay en homenaje a Juan Carlos Onetti.

Domínguez
, periodista, narrador y ensayista, nació en Buenos Aires en 1955. Lleva publicadas cuatro novelas, una obra de teatro, cuatro biografías y un libro de reportajes. En «Tres muescas en mi carabina» (Alfaguara) cuenta de la construcción de una isla en el siglo XIX, en el kilómetro cero del Río de la Plata, frente a Carmelo; de una mujer de armas llevar que fue reina del contrabando; de un incesto; del tráfico de nazis al fin de la Segunda Guerra; de la piratería en el Delta actual, entre otras inesperadas aventuras que tienen respaldo histórico. Dialogamos con él.

Periodista:
Si bien usted es porteño, su carrera de escritor la ha hecho en el Uruguay.

Carlos María Domínguez: Mi primera novela, «Pozo de Vargas», la sacó Emecé antes de que me fuera a Uruguay en 1989. Llevo 14 años allá, y publiqué una docena de libros. Dado que muchas de mis historias tienen que ver con la Argentina, se me considera un «escritor rioplatense». Eso me hace sentir como si viviera en medio del
Río de la Plata contando sus mitos y sus historias ciertas.


P.:
¿Cómo aparece en usted el tema de su novela «Tres muescas en mi carabina»?

C.M.D.: En 1975 leí «La balada del álamo carolina», de Haroldo Conti, donde cuenta como conoció a Julia, vieja de unos 80 años que vivía sola en la isla Juncal. Cuando fue a verla le apuntó a la cabeza con su carabina Spencer de siete tiros que tenía tres muescas en la culata, señalando muertes de las que nunca hablaba. Me olvidé eso, pero cuando presenté en Montevideo mi biografía de Onetti, «Construcción de la noche», que escribí con María Esther Gilio, conocí un hombre oriundo de Carmelo que me recordó la isla Juncal y a Julia. Volví a aquél texto y anoté los vagabundos, pescadores y orilleros que menciona. Busqué en la guía telefónica de Carmelo y los fui encontrando, a ellos o a sus parientes. Me dijeron que fuera al cementerio, a la bóveda de Julia. Cuando llegué, el guía vio la puerta abierta, entró y salió con la urna, la abrió y me puso la calavera de Julia en las manos. Había encontrado el fundamento, los huesos, de una novela.


P.:
Su novela está contada en dos tiempos.

C.M.D.: Uno, el de los hechos reales de la fundación de la isla por Enrique Lafranconie, italiano venido del Lago di Como, de Lombardia, Italia. Hacia 1887 se estableció allí, cuando ésta tenía 200 metros a la redonda y un ceibo. Al año se trae a una esclava liberada del Brasil, una negra que le va pariendo seis hijos, uno blanco, uno negro, hasta que enloquece. Julia nace en medio de una inundación, y se convertirá con el tiempo en patrona temida de la Juncal. El segundo momento, trata de esa mujer que manejó el gran contrabando entre la Argentina y el Uruguay, durante buena parte del siglo XX. Por ahí entraron muchos nazis a la Argentina. Les cobraran unos 5 mil dólares el viaje, y los pasaban por el Tigre. Era el paso más seguro, en otros podían perder la vida. Los malandras del Delta los veían con dinero, los mataban y los tiraban a un zanjón.


P.:
¿Para los contrabandista cualquier mercadería era buena?

C.M.D.: Así como pasaban mercadería, pasaban nazis, opositores o bandas de ladrones que escapaban hacia Uruguay. Un día le pregunte a un pirata: ¿el contrabando humano empezó con los nazis? Me dijo: ¿oíste hablar de los 33 Orientales? ¿Por dónde crees que entraron? Dicen que la palabra contrabando fue parida aquí, en el Río de la Plata, sale de «contra el bando» del Rey de España que prohibía el comercio entre las orillas.


•Un mundo de Conrad

P.: ¿Lo sorprendió hallar una historia de piratas en el Delta?

C.M.D.: Creía que la piratería era algo del siglo XVII, de los tiempos de los corsarios, pero acabó hace muy poco en el Delta. Hasta los años '80, de la zona franca del puerto de Palmira salían chatas con bandera paraguaya con destino a Asunción, llevando cigarrillos, perfumes, ropa, lo que venga. No iban a Asunción sino al puerto de San Fernando o de Olivos. Por el camino esas chatas eran diezmadas por bandas de piratas uruguayos y argentinos. Como llevaban contrabando, ¿a quién le iban a denunciar esos robos?. Hay en el Delta un mundo que parece del siglo XIX, de Conrad. Intenté transmitir mi asombro ante ese universo que, estando tan cerca,muy pocos conocen.


P.:
Cerdos que vuelan, Doña Julia viviendo en una especie de panal, ¿le robó esas ideas a García Márquez?

C.M.D.: Parece ¿no?, pero nada tiene que ver con el realismo mágico. Los chanchos voladores tienen explicación racional: cuando suben las aguas en las sudestadas, y luego vuelven a bajar, dejan en las ramas animales ahogados; de pronto un chancho arriba de un árbol, cosas que andaban por el suelo saltaron al cielo. por eso algunos relacionaron mi novela con García Márquez. Dicen: parece Macondo. Y todo está justificado por esas fuerzas de la naturaleza que hace que el Río de la Plata sea, entre los ríos de la tierra, muy mágico y muy dramático: capaz de levantar olas de cuatro metros o retirarse a cuadras de la costa, donde hay más de 200 barcos hundidos.Y es un territorio donde rige la ley de las armas hasta hoy.


P.:
Su novela propone varios enigmas...

C.M.D.: Uno, el de por qué ese italiano se instala en esa isla y la hace crecer como el territorio de una quimera. Otro, las tres marcas en la carabina de Julia, secreto familiar que va de generación en generación y terminan por destruir a todos de manera gratuita. Hago novela pura, clásica. No cuento toda la historia de Julia (ya lo hice en mi libro de ensayos «Escrito en el agua») por aquello del iceberg de Hemingway, la novela es lo que asoma del algo mayor. Quise, a partir de la historia real, desarrollar un imaginario. No la aventura por la aventura sino esa zona de riesgo en que, una persona enfrentada a las fuerzas de la naturaleza, pone en juego un límite humano que no aparece en la dimensión urbana.

P.: ¿Cuál será su próximo libro?

C.M.D.: Me lo acaba de contratar los Prácticos del Río de la Plata y del Puerto de Montevideo, quieren que narre como ingresan los grandes buques al estuario. Además, hay muchas historias de naufragios y de aventuras dignas de rescatar.

Dejá tu comentario

Te puede interesar